
Si pensamos que la educación queda delegada solo a la opinión de los partidos políticos dominantes, seguiremos en el error y en la falta de consenso otros cuarenta años más. Un pacto estatal por la educación en España requiere la participación de más actores en el ejercicio: familias, estudiantes, sindicatos, administración autonómica, ayuntamientos, profesorado, universidad y asociaciones de padres.
Los resultados académicos del alumnado y las fallidas reformas emprendidas muestran que estamos en un momento delicado y que se requiere un fuerte compromiso con la educación. Tenemos que eliminar nuestros intereses para ver cuál es el interés general del país, buscando lo que nos une y no lo que nos separa. La confrontación entre pública y concertada no nos lleva a ningún sitio.
La escuela pública necesita un fuerte impulso para atender las nuevas demandas del entorno escolar cambiante y consolidar un proyecto educativo que nos sitúe en una vía de progreso para los alumnos del siglo XXI, capaz de superar los estériles y caducos enfrentamientos ajenos a los problemas reales de la educación.
Insisto en algo fundamental: lo importante para un país es que avancemos todos, no unos pocos. Las desigualdades educativas perjudican la inserción social e impiden la igualdad de oportunidades.
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