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Nos parece una idea acertada el fomentar un “urbanismo táctico”, noticia recogida en la página AF2 de Toral, porque tal y como se dice en el artículo de Araceli Robles: “el urbanismo tiene mucha incidencia en la manera en que las ciudades crecen… asignándoles un uso que no es necesariamente de ocupación arquitectónica o permanente, se abren las posibilidades para que estos espacios sean utilizados por las personas y con ello orientar a la edificación de ciudades más humanas”.
El problema es siempre el mismo: el crónico divorcio existente entre legislación y realidad. Las explicaciones de este desencuentro son de diversa índole. Espero tener tiempo de realizar un escrito posterior más profundo para explicar las razones, pero si querría destacar de forma resumida lo siguiente:
*El escaso interés de la administración para cumplir los objetivos y programas electorales para aplicar las medidas correspondientes.
*Ineficacia de los mecanismos de seguimiento y falta de compromiso.
*Control apropiado y transparente para proteger los derechos de los más vulnerables y exigir las correspondientes responsabilidades.
Todo se podría resumir en legislar menos y actuar más, evitando la picaresca, pero no deja de ser curioso que la novela picaresca surgiera en España, ya en 1554, con el Lazarillo de Tormes, siendo la literatura española una de las que más títulos picarescos atesora.
Convertir la legislación en retórica es como realizar un “viaje a ninguna parte”

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