
Los padres que satisfacen constantemente los caprichos de sus hijos sin recibir nada a cambio, suelen crear personas que solo saben recibir, y se están convirtiendo en hiperprotectores parentales que originan individuos incapaces de resolver situaciones problemáticas, cuando lleguen a ser adultos.
El conflicto surge cuando la escuela sanciona al alumno a nivel académico o por su mala conducta, entonces surge la batalla protectora en defensa de los hijos a los que se les libera de toda responsabilidad, pensando que los docentes son incapaces, injustos e incomprensivos con ellos.
Es necesario poner límites y normas a ciertos comportamientos de los hijos, convertidos ahora en alumnos de una escuela cuya función básica es formar y educar y que, junto con la familia, deben ser la guía del niño.
Proponer y pactar un compromiso satisfactorio con los hijos, en cuanto a rendimiento académico y conducta escolar, es cada vez más necesario, además fundamental, para ayudarlos a formarse como personas íntegras y autónomas y seres capaces de entender que la sociedad en que viven, funciona con normas que deben habituarse a respetar y cumplir.
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