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UNA ESCUELA PARA EL SIGLO XXI

La educación del futuro tiene que sustentarse en tres principios básicos: libertad, igualdad y solidaridad. Entramos de esta forma en el ámbito político y pedagógico, se trata de reformar la escuela basándose en modelos de los que se habla, pero que no se consiguen. Cuando oímos hablar de democracia activa, participación, igualdad, tolerancia, pensamos que estos valores tienen que presidir los proyectos educativos de los centros de enseñanza, pero no sólo a nivel teórico, sino con criterios fundados y prioritarios.

El estado, máximo responsable de la educación, debe reforzar la consecución de estos valores si quiere conseguir una ciudadanía formada y cívica, con capacidad para que en un futuro genere conductas de participación y de compromiso con la democracia. Tener un buen profesorado motivado, bien formado, vocacional, activo y comprometido con la renovación escolar, nos parece fundamental.

La cultura democrática depende de conseguir una mayor participación ciudadana y crítica, pero educada. Por ello, el mejor legado educativo es lograr la implicación de los futuros ciudadanos en la construcción de una sociedad más justa.

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