La economía española terminó el año 2019 con unas constantes vitales preocupantes. Los grandes indicadores macroeconómicos venían indicando que la economía española perdía vigor, como ocurría en la mayor parte de las economías del mundo.
En 2019 nuestro país alcanzó un Producto Interior Bruto (PIB) de 1.233.757 Millones de euros, un 2% de crecimiento sobre 2018, inferior a la media entre 2015 y 2018 (3%).
La deuda total se situó en 1.188.862 Millones de euros, lo que representó un 95,50% del PIB. La deuda por habitante alcanzó los 25.241 euros. Por su parte, el déficit se situó en -35.195 Millones de euros, lo que supone un 2,80% del PIB.
Al empleo tampoco le fue mejor. En diciembre de 2019 se produjo el menor descenso del paro desde el 2013, y se cerró en 3.163.605 desempleados. Y en cuanto a la creación de empleo se cerró el año 2019 con el crecimiento más flojo en 6 años. Según los datos publicados por el Ministerio de Trabajo, la ocupación terminó el año con un crecimiento del 2%. La tasa de paro se situó en 2019 en el 13,78% de la población activa.
El número de hogares con todos sus miembros en paro alcanzó en 2019 los 1,013 millones.
Por lo que respecta a la economía en el primer trimestre de este año 2020, la pandemia hizo estragos en el mes de marzo en nuestro país:
- La tasa de desempleo se situó en marzo 2020 en el 14,5%, (3.313.000 parados), por encima de países como Albania, 14,2%, y solo superada por Grecia, 16,8%.
- El producto interior bruto de España en el primer trimestre de 2020 ha caído un 5,2% respecto al cuarto trimestre de 2019. Es el mayor desplome trimestral registrado en la serie histórica del Instituto Nacional de Estadística (INE), que arranca en 1970. Hay que remontarse a la Guerra Civil para encontrar un peor dato de decrecimiento económico. Y muy probablemente el desplome en el segundo trimestre aun será mayor.
La situación en el mes de mayo, apunta, según la mayoría de los analistas nacionales e internacionales, hacia unas catastróficas previsiones para todo el año 2020 que pintan un panorama muy negro para España. Las medidas implementadas para controlar la enfermedad provocarán una caída del PIB entorno al 15%, que la deuda pública probablemente se eleve hasta el 115% del PIB, la mayor desde 1902, y que el déficit público supere incluso al 10% del PIB, el mayor desde el rescate bancario de 2012 y de las economías más importantes de la EU. El FMI prevé que para el 2021 este déficit sea del 6.7%, liderando España de nuevo el ranking, sólo superado por Grecia, que tiene una economía 6 veces menor que la española. Por otra parte, el FMI prevé que la tasa de paro alcanzará el 20,8% por el coronavirus.
El Gobierno estima que el gasto público se situará en el 51,5% del PIB, lo que supone un incremento de casi 10 puntos porcentuales respecto al gasto público de 2019. Y para complicar aún más la situación, la previsión es que los ingresos públicos se reducirán en 25.711 Millones y se situarán en el 41,2% del PIB.
Por si todo lo anterior fuese poco, el turismo, nuestro sector más importante, (alternando los puestos 2º y 3º del mundo), que representa más del 12% del PIB, alrededor de 150.000 Millones de euros, y el 13% del empleo, y que fue hasta ahora nuestra mayor fortaleza representa hoy nuestra mayor debilidad porque España con el coronavirus se ha jugado su imagen reputacional ante el mundo, y países como Grecia, Portugal y Croacia (competidores nuestros y con una mejor situación frente a contagios y muertes) posiblemente se llevarán una buena parte de nuestros turistas internacionales.
Ante esta pesadilla de la economía actual y la prevista, aparte del esfuerzo titánico que habremos de realizar todos los agentes económicos y gubernamentales y todos los ciudadanos en general, tenemos ya desplegados dos escudos protectores de primer nivel, referidos a la financiación española: 1º) el Tesoro está logrando colocar la deuda a diez años a unos niveles razonables; 2º) el Banco Central Europeo, (BCE), está comprando activos españoles, por lo que no se está generando tensión en la prima de riesgo.
En un segundo nivel se encuentran tres escudos protectores del Eurogrupo para proteger a trabajadores, empresas y países de la Unión Europea. El coronavirus también está arrastrando al resto de la UE a una profunda recesión que amenaza con disparar los niveles de desempleo este año. Por eso el Eurogrupo ha aprobado un paquete de medidas económicas por 540.000 Millones de euros, para atajar la crisis del coronavirus, a todas luces insuficientes. Las economías, italiana, francesa y, sobre todo, la española, necesitarán cantidades superiores a las que le puedan corresponder de esa cifra. Los expertos estiman que la UE necesitará entre 1 Billón y Billón y Medio de euros para atajar la crisis (activando el tercer escudo de protección al que me referiré más adelante). Los 540.00 Millones se detallan en la forma siguiente:
1º) Movilizar hasta 200.000 Millones de euros del Banco Europeo de Inversiones (BEI), para dotar de liquidez a las empresas europeas.
2º) Activar un fondo de ayudas contra el paro de 100.000 Millones de euros, (SURE), también del BEI.
3º) Activar un fondo de 240.000 Millones de euros para poner a disposición de los Estados en líneas de crédito para afrontar los costes derivados de esta crisis (dentro del Mecanismo de Estabilidad de la Eurozona, MEDE ). “Estos fondos no van acompañados de ninguna condición más allá de que su finalidad sean los gastos sanitarios o el apoyo a la economía doméstica”. De esta cantidad España podría contar con 24.000 millones de euros, el 2% de su Producto Interior Bruto (PIB), el límite que se han impuesto los Estados. Si España vence sus reticencias a acudir a este fondo por cuestiones de imagen (temor a que se hable de rescate y de incapacidad nacional) ahorraría 2000 Millones de euros en intereses; espero que se imponga la sensatez, no está la situación para propaganda.
Pero, siendo realistas, si las cosas se tuercen, debemos prepararnos para todo tipo de escenarios, porque sería un gravísimo error fiarnos solamente de la situación actual, ya de por si negativa, y no preparar el terreno para el peor escenario: ¿habrá repuntes de la enfermedad?, ¿vendrá el otoño repleto de carga vírica?, ¿afectará al resto de Europa.? Si eso ocurriese así, no sólo deberemos estar sanitariamente preparados (medios y personas), sino también económicamente, poniendo toda la carne en el asador con la experiencia acumulada hasta entonces.
Ahora mismo es posible conseguir ayudas de la UE sin necesidad de que nos rescaten en sentido estricto, pero si todo se complica es posible que ya no se pueda, por lo que España se puede ver en una situación de suspensión de pagos en el año 2021, (no habría para pagar las pensiones, ni a los funcionarios, ni la renta básica, ni el desempleo, justo en el momento en que se encontraría en cotas históricas,….) lo que nos abocaría a un “auténtico y duro rescate de la UE”, el escudo de tercer nivel, lo que igualmente afectaría fuertemente a las pensiones, a los sueldos de los funcionarios y en general a muchos de los gastos públicos, que además serán absolutamente necesarios. Es sobre todo por esta razón que debemos poner a funcionar cuanto antes la economía, en equilibrio con la salud, para evitar a toda costa la necesidad del escudo de tercer nivel. Y eso, insisto, es responsabilidad de todos los agentes económicos y sociales y de todos los ciudadanos.
Precisamente por el desalentador panorama que presenta nuestra economía debido al Covid-19, tenemos, si o si, que enfrentar la crisis con decisión firme. Confío plenamente en la capacidad de los españoles para superarla; cada uno protegiendo adecuadamente su salud y la de los demás, cumpliendo las normas sanitarias (prevención, distancias, mascarillas e higiene), siendo solidarios y serviciales y con mucho trabajo y tesón.
Albert Einstein, el genio de la Física, cuenta en su haber con una frase que viene como anillo al dedo en momentos tan complejos como este: “en los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento”. Imaginación y trabajo duro (con las medidas de protección adecuadas) son dos de las recetas para superar esta crisis amenazadora. Porque no hemos de olvidar que la mayor amenaza de cualquier crisis económica la representa la tragedia de no querer luchar para superarla. Esta crisis significa, como es evidente, “peligro” y se mostrará en su peor cara por un estado “temporal” de ansiedad por el presente y por la incertidumbre del futuro.
La incertidumbre es el entorno en que se desarrolla de forma natural la economía en cualquier ámbito. En situaciones normales los empresarios y los gobiernos (basándose en previsiones estadísticas y econométricas), provisionan reservas para cubrir las “pérdidas esperadas”. Pero en situaciones como la actual donde las “pérdidas se presentan de forma inesperada”, y en las que generalmente no existe dinero suficiente para cubrirlas en su totalidad, solo el coraje, la imaginación y el trabajo duro pueden resolver la situación.
Ante la incertidumbre, algunos se declaran incapaces para buscar soluciones a los problemas mientras que otros aprenden a ver en ellos oportunidades. Y creo que si hay un momento donde debemos percibir los problemas como oportunidades es, sin duda alguna, este.
Ánimo. Aunque sea difícil, si de verdad lo queremos podemos conseguirlo y, apoyados con las vacunas y los fármacos apropiados, volveremos a nuestra “normalidad de siempre”: trabajadores, sociables, apasionados por la vida y libres, sobre todo libres.
A las víctimas del coronavirus mi más profundo respeto, se ha ido una parte importante de la mejor generación de españoles que hemos tenido y que construyeron la base de todo lo positivo con lo que hoy contamos; a sus familiares mi más sentido pésame.
Y a todos ustedes, cuídense mucho.
León, 13 de mayo de 2020.
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Un abrazo hermanos,cuidaros mucho.