De aquí por aí

Javier Méndez desde Badajoz

«a veces el miedo también nos ayuda a protegernos y sobrevivir«

¡¡Muy buenas!! Antes de nada, mi enhorabuena a Toño y colaboradores por esta iniciativa y la enorme labor de difusión que hacen con todo lo relacionado con nuestro pueblo.

Por contaros algo de mí, soy psicólogo, resido y trabajo en Badajoz. Trabajo en una empresa concertada con el Servicio Extremeño de Salud, para la rehabilitación de personas con enfermedad mental. También soy de los afortunados que no han dejado de trabajar; aunque a decir verdad me ha costado un poco adaptarme a esto del Teletrabajo. Desde que empezó el confinamiento atendemos a nuestros usuarios por teléfono y correo electrónico, pero para mí no es lo mismo claro… Lo cierto es que estoy sorprendido viendo la enorme capacidad de las personas para adaptarse a situaciones nuevas y adversas, tengo claro que a veces el miedo también nos ayuda a protegernos y sobrevivir. Hasta ahora, no estamos teniendo un incremento significativo respecto a los problemas de salud mental, pero habrá que estar atentos a lo que pueda venir en los próximos días.

El día a día en casa, entiendo que como todo el mundo. Los que tenemos hijos, desconcertados al principio por las muchas tareas que les pusieron los profesores, quienes tampoco sabían bien cómo actuar y parecía como si los niños sólo se pudieran entretener haciendo deberes. Cómo somos familia numerosa, el orden, la colaboración en casa y mantener unos horarios de sueño y estudio, aunque con flexibilidad, son importantes. Hacemos una reunión semanal para ver cómo lo estamos haciendo, organizar la semana y solventar los problemas de convivencia que siempre hay. También somos afortunados por tener un jardín, ahora que estamos teniendo buen tiempo, le sacamos el máximo provecho, corriendo un poco, jugando y cuidando las plantas. En Badajoz (150.000 hab.) la mayoría no tiene más que un pequeño balcón y a veces ni eso.

Principalmente, soy yo el encargado de salir a comprar y a pasear al perro. Al principio me impresionaba ver la avenida cerca de dónde yo vivo, prácticamente vacía, siempre ruidosa y con mucho tráfico pues es el enlace con Portugal, el hospital y varios centros comerciales. Una sensación extraña y fantasmal; como también lo es, cruzarte con alguien paseando al perro y saludarte con miedo, en voz baja y casi sin mirarnos… aunque ya me va pareciendo hasta normal, me hace sentir muy incómodo.

Ahora que tenemos más tiempo para leer y pensar, todo esto me ayuda de alguna manera. Estoy de acuerdo con algunas ideas que escucho de vez en cuando, y que me hacen ser más consciente de que en el fondo… ¡qué poquita cosa somos!, pensábamos que las pandemias se habían quedado en la edad media; un bichito microscópico es capaz de poner al mundo patas arriba. Todo el saber científico, los avances tecnológicos, la conquista del espacio y todo lo que tú quieras, pero seguimos siendo muy frágiles y vulnerables. En definitiva, una cura de humildad. También se escucha mucho, y estoy de acuerdo, que nos necesitamos unos a otros y todos somos igualmente importantes, un médico, una cajera, el que se que queda en casa. Lo que haga cada uno influye en todos, tanto lo bueno como lo malo.

Hace unos días, un buen amigo perdía a su madre, después de más de un mes en la UCI peleando con el virus. Él me decía, que la familia es la única que a la hora de la verdad, siempre está ahí. ¡Qué gran riqueza la de nuestros mayores, que no sabemos valorar! En un mundo a veces muy materialista e individualista, la familia y los amigos vuelven a cobrar todo su valor. La muerte, de la que nunca queremos oír hablar, está ahora mucho más presente, pero sólo para recordarnos que tenemos sólo una vida y que esta es infinitamente mejor cuando pensamos en el bien de común.

Todo esto pasará y se nos olvidará y probablemente volveremos a cometer los mismos errores. Pero aún así, ya estoy deseando poder volver a compartir con vosotros un simple paseo, una simple conversación en la calle o un simple abrazo lleno de entrañable afecto… el que siento por Toral y su gente.


Avenida de Elvas

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