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Capítulo 22
Adela y José salian del ayuntamiento, a donde habian ido para registrarse. Caminaron hasta la carretera, giraron a la derecha y continuaron calle abajo hasta situarse delante de la puerta de “Casa Vila”.
– Aquí es _Comentó José a la vez que abria la puerta.
Mientras Adela hablaba con el dependiente, de las cosas que queria comprar, José esperaba moviendose de un lado a otro de la tienda hasta que se paró al oir el el timbre del teléfono en la trastienda.
– Diga _Sonó una voz de hombre.
– Es el jefe, le llaman por teléfono _Comentó el dependiente mientras colocaba en el mostrador la ropa que Adela queria ver para vestir a los hijos Manolo y Pepe.
– Es todo muy caro _Adela miró a José_ Mi marido no tiene trabajo y no sé si podré comprar algo. Me llevaria estas dos camisas pero no me llega el dinero.
– ¿Quiere llevar solo una?
Adela observó las camisas y se giró hacia José esperando su opinión. Antes de que José pudiera contestar apareció el jefe José “Vila”.
– Buenos dias. Hace un momento he oido a su mujer, ella decia que usted busca trabajo.
– Sí señor _Respondio José sorprendido_ Hace poco tiempo que llegamos a Toral para quedarnos a vivir y hasta ahora solo hago trabajos esporádicos.
– Tengo trabajo para usted para unos dias. Hay que limpiar la bodega y preparar todo para la vendimia.
– Muchas gracias señor…
– José, me llamo José Lopez pero puedes llamarme “Vila” que es como me conocen todos en este pueblo.
– Mi nombre tambien es José, José Camuñas.
– Te espero Mañana a las ocho.
Tal como “Vila” le habia dicho, José se presentó a las ocho de la mañana. Durante varios dias se ocupó de limpiar y preparar la bodega donde llegarian las uvas que, una vez pisadas, se convertian en el mosto que fermentaria para terminar convertido en vino.
“Vila” estaba satisfecho con José y le llamaba siempre que tenia algun trabajo para hacer. Cuando llegó el invierno, “Vila” encargó a José la matanza de los cerdos, cosa en la que José era un experto. Necesitaba uno o dos ayudantes para sujetar el cerdo, que gruñia desesperadamente al intuir el fin que le esperaba, para colocarlo de costado sobre la tabla preparada a tal efecto. José le clavaba el “cuchillo de matar” en la garganta y lo empujaba hacia dentro de forma que el cerdo, con sus movimientos y espasmos, expulsaba la sangre que era recogida en un cuenco con cebolla para que se mantuviera líquida, sin cuajar. Al terminar el trabajo José se acercó a él.
– Señor “Vila”.
– Dime José ¿Que quieres?
– Quiero hablar con usted.
– ¿Qué quieres hablar conmigo, José?
– Quiero decirle que _José levantó la cabeza para mirarle de frente_ Estoy buscando un trabajo fijo y he pensado que usted podria recomendarme para que me emplearan en la fabrica de cementos Cosmos.
– ¿Has hecho la solicitud en la oficina de cementos Cosmos?
– Sí señor, la hice pero en Cosmos parece ser muy dificil conseguir un empleo fijo.
“Vila” le miró sin darle respuesta alguna, sacó unos billetes del bolsillo de la camisa y se los entregó a José.
– Aquí tienes. Si hubiera alguna cosa más te avisaré.
– Gracias señor “Vila”. Si usted ya no me necesita voy a casa. Mañana haremos la matanza del cerdo y tengo que preparar todo lo necesario.
Durante los últimos días del año viejo y los primeros del año nuevo, José, con la ayuda de Adela y la de un vecino y su mujer, hizo la matanza del cerdo. Cuando terminó todo el proceso era el atardecer del día cinco de enero, día que se celebraba la noche de los reyes magos cuya misión era la de traer juguetes a los niños que eran buenos. La condición era haberse portado bien, ser obediente, acostarse pronto y rezar las horaciones antes de dormirse, tal como ordenaba el cura Don Francisco.
Adela acostó a sus hijos y volvio a la cocina. Puso en la mesa dos tazas llenas de caldo, con la cuchara dentro, y miró a José.
– Creo que estoy preñada otra vez.
José guardó silencio por unos segundos, levantó la cabeza y miró a Adela que, igualmente en silencio, esperaba su reación. Él añadio dos trozos de pan al caldo revolviendolo con la cuchara y levantó la cabeza mirando a Adela.
– ¿Estás segura?
– No del todo _Respondió ella atemorizada.
– En ese caso esperemos a saberlo con seguridad _Adela escuchaba a José, que extrañamente estaba mas tranquilo de lo que ella esperaba_ Ahora tendras que ocuparte de ahumar la carne y los chorizos para que se curen bien. Tendrás que llevar a “Manolin” a la escuela y cuidar las huertas. Desde hoy, yo no dispondré del mismo tiempo que ahora.
– ¿Tú no vas a estar? ¿Qué vas a hacer? _Preguntó ella mostrando en su cara el temor a que José decidiera volver a la mina o marchar a Francia o a Alemania como hicieron otros vecinos del pueblo que no encontraban trabajo.
– Esta mañana, “Vila” me envió recado, por el chico que tienen allí, para que fuera a su casa. Yo fuí creyendo que era para hacer algún trabajo y al entrar en la tienda, el dependiente me dijo que esperase un momento y se fué hacia la trastienda.
– Pero… ¿Qué queria “Vila”? _Preguntó Adela con impaciencia_ ¿De qué habeis hablado?
– Queria darme esto.
José sacó, del bolsillo, un papel escrito con tinta y se lo dio a Adela que lo desdobló para leer: “Señor José, presentese en la oficina de Cementos Cosmos el proximo lunes a las nueve horas de la mañana. Lleve consigo el documento de identidad y la cartilla del servicio militar”
– ¿Y qué significa esto?
– Significa que “Vila” habló con Remacha para que me diera empleo en la fábrica de cementos Cosmos.
– ¿Y te lo daran? _José disimulaba su alegria, esperó unos segundos en silencio y Adela, ansiosa por saber si José tendria un empleo fijo, preguntó de nuevo ¿Trabajaras en Cementos Cosmos como empleado fijo?
– Sí, así es. Es un empleo fijo que no estará muy bien pagado pero cultivando las huertas, la viña y criando los cerdos, las gallinas y los conejos, podremos defendernos bien, llevar los niños a la escuela para que puedan estudiar y ahorrar algo de dinero.
– Quiero decirte una cosa.
– ¿Ha pasado algo malo?
– No estoy preñada _Adela se acercó a José que la abrazó reflejando en su cara la alegria de saberse mas protegida que nunca_ Hoy es día de Reyes. Voy a coger un poco de dinero y vamos a comprar algo para la cena de esta noche.
Los dos hermanos, “Manolin” y “Pepin”, en la mañana del día siguiente, esperaban algun regalo pero la pobreza en casa de la familia Camuñas solo permitia comprar un caballo de carton al que “Manolin”, después de quitarle el envoltorio, renunció en favor de su hermano menor.
El lunes, el reloj despertador sonó a las cinco de la mañana. Adela se levantó y cogio las cerillas y un puñado de leña seca para encender el fuego en la “cocina economica”. Abrió el tiro de la chimenea y colocó una olla con leche a calentar encima del fuego. José comio un pedazo de pan mojado en la leche caliente y sorbió la que quedaba en la taza.
– Son turnos de ocho horas _José se despidio de Adela_ Estaré de vuelta a las dos y media de la tarde.
Adela permanecio con la puerta abierta observando a José que caminaba por el sendero surcando las viñas en dirección a la fábrica de cementos “Cosmos”, hasta que lo perdio de vista. Entró en casa, observó a sus dos hijos “Manolin” y “Pepin”, que estaban en la cama profundamente dormidos, y volvio a su habitación, poseida por el sueño que aún sentia, para arreglarse, vestirse y seguir con los trabajos de la casa hasta que, finalmente, llenó un balde con agua templada y esperó a que los hijos aparecieron ante ella, adormilados y frotandose los ojos con los puños.
– Tú, “Manolin”, quitate el calzoncillo y la camiseta y te metes en el balde que voy a lavarte.
– ¿Vamos a ir a algun sitio?
– Sí, vamos a hablar con el maestro.
Adela frotó, con jabón, el cuerpo de “Manolin” y lo aclaró con el agua mientras que se frotaba los ojos intentado evitar la irritación que el jabón le provocaba.
– ¿Voy a ir a la escuela?
– Sí, vas a ir a la escuela. Tienes que aprender a leer y a escribir.
– ¿Vamos a ir ahora? No tengo pizarra ni cartilla.
– El maestro nos dirá lo que necesitas _Adela cogio en brazos al pequeño “Pepin”_ Ahora vamos a la escuela para hablar con él.
La escuela estaba en la planta de arriba de un pequeño edificio de piedra situado en el extremo de un grupo de pequeñas viviendas, construidas de piedra y unidas entre sí, que tenian las cuadras para los animales en la parte baja. Encima de las cuadras habia las viviendas míseras donde sus habitantes vivian, dormian y tenian a sus hijos. A la escuela se accedia por una escalera exterior, tambien de piedra, protegida por una baranda de madera. “Manolin subió los escalones de prisa y desde arriba esperó a que su madre, que cargaba con el pequeño “Pepin”, terminara de subir.
– ¿Llamo?
– Sí, llama.
La puerta se abrió y ante ellos aparecio el maestro.
– Buenos días.
– Buenos días señora. Dígame usted lo que quiere.
– Traigo al niño mayor. Ya cumplio la edad de entrar a la escuela.
– Pase señora, pase para dentro.
El maestro observó a Adela con sus dos hijos y se dirigió al mayor
– ¿Como te llamas?
– Me llamo Manuel _Observó que su madre le miraba con gesto serio_ Me llamo Manuel Camuñas Lama.
– Muy bien Manuel, ven conmigo _El maestro lo llevó hasta una de las mesas en la que habia un puesto libre_Tú te sentaras aquí, ésta es la mesa que ocuparas.
El maestro se acercó a Adela, que esperaba en la entrada intentando sujetar a “Pepin”.
– Señora Adela, su hijo ya se queda en la escuela. Cuando salga, al medio día, llevará una nota con los materiales que tiene que comprar: Libreta, cartilla, lapiz y pizarra. _Adela bajó la escalera para regresar a casa y oyó al maestro que le llamaba.
– Señora Adela. Cómprele un “cabás” para que el niño pueda guardar todas las cosas. Le será muy cómodo.
– Se lo compraré, se lo compraré.
Por fin, en la casa del Teso donde vivia la familia Camuñas, la vida iba pasando con la esperanza de superar los escollos que día tras día se presentaban ante los esfuerzos de Adela y José para superar la miseria y dejar atrás toda la desesperación que, a pesar de los años pasados, le producian los recuerdos que permanecian en la memoria y que, a consecuencia de la guerra civil, llevaban grabados en su alma. El menguado sueldo que José ganaba en la fábrica de cemento y el cultivo de las huertas permitia a la familia, que formaban José y Adela y sus dos hijos, llevar un nivel de vida que rozaba la escasez.
Asi pasaron los dias hasta que estuvieron disponibles las nuevas escuelas en el camino que transcurria desde la carretera hasta el lago, cerca de la ladrillera. El comentario general, durante mucho tiempo, fue que la fábrica “Cementos Cosmos” construyó las escuelas a cambio de una parte del monte, frente al campo de tiro, de donde extraian arcilla y cerca de la línea aerea de la que colgaban las vagonetas que transportaban, hasta la fábrica de cemento, el material extraido de la cantera situada al otro lado del rio Burbia.
En las escuelas nuevas los niños y las niñas estaban separados en aulas diferentes. Las aulas estaban equipadas con pupitres para dos alumnos, y dos tinteros empotrados en la parte superior, en los que se mojaban las plumas para escribir en los cuadernos. Debajo tenian un estante para colocar el “cabás” con las libretas y pizarras.
Los alumnos no tenian que ir al campo a hacer sus necesidades imprescindibles, como eran mear o cagar, porque las nuevas escuelas estaban equipadas con lavabos y “wateres”. Cuando llegaba la hora del recreo, los niños pequeños salian a los patios para jugar y los mayores podian jugar al futbol, al frontón o cualquier otro deporte.
Categories: CulToral

















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