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SAN CRISTOBAL , 1952 (I)

toni- cabalgamos

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… y, en estas, andaba yo, rematando un cuento erótico que me habían pedido para LA SONRISA VERTICAL, cuyo título era -y permítaseme la grosería- CELIA, LA PUTA en el que hablaba de la zoofilia de una joven llamada Celia, cuando recibo una llamada telefónica de mi Editorial, diciéndome que preparase un viaje a Madrid para presentar LA INEVITABLE MUERTE DE DON MIGUELIN LANUZA en la Feria del Libro de la capital de España y firmar ejemplares en la caseta 356 de la LIBRERÍA FORTUNA , así que dejo el relato para una mejor ocasión.

Voy a Madrid y, dado que la presentación y firma era por la tarde, en metro, me acerco a la Ribera de Curtidores. Me apeo en Tirso de Molina. Ya estoy en El Rastro. Curioseo y me encuentro en un puesto de libros de viejo, un programa de Fiestas de Toral de los Vados del año 1952. Lo compro. Tres euros pago por él. Merece la pena, aunque no está en buen estado, pero es legible.

El programa tiene, pues, sesenta y siete años y está editado en la Imprenta de V. Aliaga de Ponferrada y, además de los anuncios, vemos la programación de los festejos durante cinco días.

No se nos dice, en ninguna de las veinticuatro páginas quiénes formaban parte de la Comisión de Festejos, pero casi puedo asegurar que, en esa Comisión estaba mi padre, Pepe, el de “América” ya que hay una nota, al final, que dice: “Para los concursos deportivos, las inscripciones serán en CASA AMERICA, antes del día 9”.

Hojeándolo veo una página en la que se puede leer el Pregón -muy lejos de los pregones tradicionales de hoy- en el que el anónimo autor decía de Toral que era una villa simpática e industriosa; que las fiestas eran sencillas, pero que la tradición las hacía queridas y que se esperaba que para despegar de las rudas faenas cuotidianas habría festejos sanos de acuerdo con la costumbre.

Los cinco días de festejos daban para mucho -o para poco, según- y el día 9, como no podía ser por menos, a las cinco de la tarde, habría disparos de cohetes y bombas reales y, partiendo de la Plaza de la Estación, la orquesta “JO” y los gigantes y cabezudos recorrerían las calles.

Y, supongo, como era costumbre, visitarían a Mariano Remacha en Cosmos para presentarle sus respetos.

A las once de la noche, gran verbena en el Campo de la Feria, durante la cual se quemaría una bonita colección de fuegos artificiales Esta verbena estaría amenizada por la orquesta “JO” y en la que se estrenó -recuerdo- el corrido mexicano “Pénjamo” cuya letra decía: Ya vamos llegando a Pénjamo. Ya brillan allá sus cúpulas. De corralejos parece un espejo mi lindo Pénjamo. Sus torres cuatas son dos alcayatas prendidas al sol…”.

La canción estaba firmada por un tal Rubén Méndez del Castillo, letrista. También recuerdo que el nombre de Pénjamo, -palabra esdrújula- nos llamó la atención, pero no sabíamos pronunciarlo y cantábamos algo así como PEGAMBO. Y, queda dicho también, que uno de los integrantes de la orquesta -fue el primer año que se hizo- se hospedó en nuestra casa.

El día 10 era el día de la Fiesta Grande y a las ocho en punto, como era tradición, diana y alboradas por las calles del pueblo . A las doce, Misa solemne con procesión por las calles. Habría dos premios -100 y 50 pesetas- para los mejores altares levantados por los vecinos que, a buen seguro, aquel día, sacaron las colchas de cama y la bandera de España para lucirla en los altares, frente a los cuales se detenía la procesión y se cantaba aquel motete que decía: “Corazón santo, tu reinarás. Tu nuestro en canto siempre serás”.

Y, a partir de las siete de la tarde, romería campestre en el Campo de la Mata que había sustituido al Campo de El Lago en donde, anteriormente, se celebraba esta romería.

Quiero recordar , incluso, que en El Lago se celebraban meriendas populares -cerca de donde está situado hoy el restaurante Canadá- en la que las familias llevaban grandes cestillos con empanadas de batallón y filetes empanados, amén de una bota de vino con gaseosa -los niños le llamábamos gasiosa- que casi siempre venía de Productos Lago de Ponferrada.

Cerca de algún castaño, PERJUICIOS, el trilero montaba su negocio para aligerar los bolsillos de los incautos -siempre los había- que trataban de adivinar en cual de los tres vasos que movía con habilidad, estaba la bolita.

Ese día -día 10- habría baile vermú en la Plaza de la Estación en donde la Orquesta solia interpretar algo más noble que pasodobles, chachachás o mambos. A aquella hora, interpretaban EL SITIO DE ZARAGOZA que emocionaba a los oyentes, muy patrióticos, entonces.

CONTINUARA

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