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MEMORIA DE TORAL
El 10 de Noviembre de 1936 -cuatro meses después del inicio de la Guerra Civil- aparece en los kioscos, PROA, órgano de la Falange de León, o sea, del Movimiento, un Movimiento que, a decir de muchas personas, no se movía.
Este periódico se editaba en los talleres del extinto diario republicano LA DEMOCRACIA , anticlerical, que, entre otras lindezas, decía “que el mayor insulto que se puede dirigir a una persona es llamarle cura”.
LA DEMOCRACIA, naturalmente, desapareció -nunca mejor dicho- en los albores de la conflagración bélica entre españolitos.
PROA era un diario sin anunciantes y con escasos suscriptores y, sin embargo, se mantuvo activo hasta 1975 en que pasó a llamarse LA HORA LEONESA . El 14 de Marzo de 1984 fue adquirido por DIARIO DE LEON y, pasados tres meses, sus dueños procedieron al cierre definitivo para evitar la competencia.
A estas alturas de la historia, hoy, yo no sé qué causa o razón motivó que CASA AMERICA se suscribiese a un periódico cuya idea política era diametralmente opuesta a la de mis padres ya que, bien sabido es que Antonio del Valle fue uno de los fusilados en Ponferrada por republicano confeso. Pienso ahora que los motivos que tuvo mi padre Pepe y mi tía Carmen para suscribirse fue el miedo a represalias ya que, siendo suscriptores quizás pasasen ante los Jefes del nuevo Régimen por personas que compartían las ideas políticas recién nacidas y no serían tachados de desafectos y, así, en la década de los años cuarenta y cincuenta, el periódico llegaba puntualmente al comercio, cada día, entre las cartas que también, cada día, entregaba Epifanio Martínez, cartero de Toral.
Yo aprendí a leer dibujando las letras mayúsculas de PROA y resolví, años después, mis primeros crucigramas -con la ayuda de mi tío Vicente- que cada dos meses nos visitaba porque era comercial de una empresa que vendía material a Cementos Cosmos- que, por cierto eran bastante facilones.
Pasaron los años y logré, al fin, ser colaborador de PROA uno de mis sueños. Eran los tiempos de Primitivo García en la dirección que me hizo entrega de
un carné que me permitía asistir a cualquier evento deportivo o social gratis, si presentaba el carné.
Guardé, durante muchos años, los periódicos del martes -el lunes se editaba una hoja, por la ASOCIACION DE PERIODISTAS llamada HOJA DEL LUNES y ese día devoraba las crónicas y alineaciones de los equipos de fútbol, especialmente los del Valencia en donde jugaba un extremo donostiarra llamado Epi que era un ídolo para mí. Estas lecturas me apasionaban y recitaba de memoria las alineaciones de los equipos, tanto es así que Jaime Artazcoz, un viajante de Ibi que vendía juguetes y me regaló una camiseta con el número siete a la espalda.
Cuando el PATRONATO DE APUESTAS MUTUAS DEPORTIVAS BENEFICAS se sacó de la manga, las quinielas -22 de septiembre de 1946- en las que había que acertar no solamente el resultado sino los goles de cada equipo, desempolvé los periódicos para ponerme al día, pero nunca logré un pleno de catorce. (De todas formas, las quinielas, tal y como las conocemos ahora, fueron creadas dos años después y en Toral se podían sellar en la taberna del cartero Epifanio, regentada por Lucrecia, su esposa.
De PROA recuerdo las fotografías de portada en las que casi siempre aparecía Franco y que recortábamos y pegábamos en un trapo blanco que, luego servía de bandera en aquellas aventuras de las que disfrutábamos, sobre todo en vacaciones, en LAS ARCILLAS, cerca de los tanques de agua que abastecían a la cementera. Teníamos prohibido visitar aquel lugar, pero ignorábamos prohibición y peligro y jugábamos en los alrededores a veces, intentando matar a una gunicela -donicela o donecilla- cuyo aliento, según las personas mayores era mortal para los niños. No teníamos miedo porque Sidro, el de Leandro, cuyo padre era Jefe Local de Falange, llevaba un revólver que su padre guardaba en el cajón del dinero del Bar que tenía en la carretera, donde hoy está el CACHI CACHI.
Nunca vimos a la donecilla o gunicela , pero. eso sí, nos divertíamos más de lo que se divierten hoy los niños.
Recuerdo, también los célebres billetes de cinco pesetas falsos -los “duros” con la efigie de Balmes- que PROA incluía, de vez en cuando en el periódico y que también recortábamos y con los que tratábamos de engañar a Leopoldo Cebrián, pagando con aquel papel el cucurucho de cacahuetes que comprábamos.
Yo no podía pensar en estos tiempos que, más adelante . sería uno de los colaboradores de PROA como corresponsal en Villafranca. Fue un tiempo que recuerdo con nostalgia.
Categorías:Colaboradores, Toni


















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