Colaboradores

ACEITE DE ESTRAPERLO (II)

toni- cabalgamos

En Toral, todo el mundo o casi todo el mundo, tenía su cartilla de Racionamiento que le daba derecho, previo corte del cupón correspondiente, al pan, a las habas (con bichitos), a un chocolate durísimo que tenía que partirse con un martillo o al aceite

Todos estos productos -amén del tabaco- había que recogerlos en Casa Aranga, la madre de Octavio y de Juanito Aguado. No recuerdo si se recogían semanal, quincenal o mensualmente, pero si recuerdo que, en cierta ocasión cuando llegó el momento de recoger el suministro, éste no había llegado a causa de un descarrilamiento de tren. Esa era la explicación, pero la explicación no era cierta y, quien quiso tener su menesteroso suministro, tuvo que comprarlo de estraperlo en una de las dos casas abastecedoras. Con el estraperlo -lo decía en el artículo anterior- se hicieron muchas fortunas.

En mi casa, en cierta ocasión tuvieron que comprar, también de estraperlo un garrafón de aceite teniendo, por supuesto, la preocupación de que registrasen la casa y se incautasen de él, pero ocurrió algo peor: el aceite fue depositado en una habitación que llamábamos la fresquera en donde se guardaban, naturalmente al fresco, las comidas.

En la parte superior de la habitación papá había colocado una balda en la que maduraban las manzanas que se compraban en La Isla, que eran las mejores manzanas del mundo, al menos para nosotros. Para acceder a las manzanas había que emplear una escalera, cosa que yo no hice, sino que me subí al garrafón y, naturalmente, pasó lo que tenía que pasar, que el garrafón, con el peso, se rompió y el aceite se vació por la habitación, por debajo de los muebles. Entre llantos y suspiros porque, a pesar de ser niño, yo conocía el valor del aceite de estraperlo, mis padres, con sábanas, recogieron lo que pudieron recoger del maldito aceite, para aprovecharlo, estrujando las sábanas que, después, no sirvieron para nada. El aceite estaba por todos los sitios y fue imposible hacerse con todo él.

Es, este, un recuerdo de aquellos tiempos bien llamados del hambre que, seguramente me marcó para siempre porque, al día de hoy, aún recuerdo todo lo sucedido

Categories: Colaboradores, Toni

Deja un comentario