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PROHIBIDO FABRICAR JABON

 

toni- cabalgamos

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MEMORIA DE TORAL

Efectivamente, aunque mis lectores lo pongan en duda, en la década de los años cuarenta del siglo pasado, año arriba o año abajo, estaba prohibido, fabricar, en casa, jabón para lavar la ropa. El otro jabón, el de LA TOJA, se podía comprar en las droguerías.

Mi padre -el jabón de lavar la ropa- lo fabricaba en casa y lo ocultaba debajo de las escaleras que subían hasta la terraza de arriba, una terraza desde la que, en días luminosos, podía verse, en la lejanía, Ponferrada y desde la que, cuando estalló la Guerra Civil con unos prismáticos que nos fueron confiscados, se observaban nítidamente los incendios en la capital de El Bierzo.

Cuando hacía falta jabón, papá levantaba los contrapeldaños de madera y sacaba los panales necesarios. Después volvía a clavarlos y hasta una nueva ocasión.

Este jabón estaba fabricado con grasa de cerdo y sosa cáustica y, a fe, que lavaba perfectamente la ropa y como no había lavadoras, muchas amas de casa iban a la presa que corría cerca de Casa Olego a lavar. Llevaban los baldes o los cestillos grandes, a la cabeza, en perfecto equilibrio y la tabla de madera, bajo el brazo. Otras, como mi madre, lavaban en el pilón que teníamos en el huerto, alimentado por un chorro de agua que también usábamos para beber o para regar las lechugas..

El procedimiento para fabricar aquel jabón era muy sencillo y según los libros consultados constaba de tres pasos: saponificación, sangrado y moldeado.

Saponificación;: se hervía la grasa en una caldera como la que se usaba para la matanza y se le añadía sosa cáustica (NaOH) que se compraba en la droguería de Paco o de Juanito Aguado o en casa de Licinia, en el Campo de la Feria y se agitaba o removía con una especie de pala de madera hasta convertirla en una masa pastosa. Esto era conocido como saponificación, aunque, por supuesto, mi padre no le diera este nombre técnico.

Sangrado: El jabón obtenido se depositaba en la superficie de la caldera en forma de gránulos y para que cuajase se añadía sal común (NaCL) y con esta sal se conseguía, la separación del jabón que flotaba sobre la sosa cáustica y el agua.

Después de esta operación, el jabón obtenido se pasaba a otro recipiente donde se le podrían añadir, si se quisiera, perfumes o colorantes, cosa que nunca se hacía y como estaba caliente aquella masa se vertía en moldes que estaban preparados. Se dejaba secar y posteriormente se cortaba en pedazos.

Hoy, naturalmente, se fabrica de otra manera y, no, artesanalmente, porque, como bien es sabido, las ciencias adelantan que es una barbaridad.

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