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A Toño Tapia, como a su hermano Paco, los amigos les llamábamos, cariñosamente, “Tabique”, apodo que nunca afectó a la amistad fraternal que nos unía.
Toño, aunque era algo más joven que yo, fue un gran amigo mío. Tanto o más que Paco, a pesar de que Paco y yo éramos de la misma edad.
Toño y Paco eran hijos de Victoriana Muñoz y de Francisco Tapia, él, trabajador de Cosmos -tal vez carpintero- en la época de Barcia y de Somoza con quienes compartía, a la salida del trabajo, conversaciones y “chatos” de vino.
Toño formó parte del R.C.D. Relámpago, aquel equipo de fútbol que agrupó a todos los amigos y a algunos otros que no eran amigos, pero que lo fueron después de jugar al fútbol juntos.
El primer encuentro de Toño con el R.C.D. Relámpago y el de muchos de nosotros fue en 1958, en Villafranca, en el campo de La Ruquela, un domingo de primavera, frío y lluvioso. Toño jugó en el centro del campo, como medio volante, pero, sin lugar a dudas aquella no era su posición y me lo hizo saber:
-Yo quiero jugar de portero. Me gusta más”.
Y, ya, en el segundo encuentro, que no recuerdo en donde fue, se colocó entre los tres palos y con éxito. Era un portero -o se convirtió en portero- espectacular. Dominaba el área y atajaba, con seguridad, a pesar de su estatura, los balones que llegaban por arriba. Tuvo la desgracia -es un frase tópica- de jugar al fútbol cuando jugaba Pepín Vidal -Maroto- lo que le impidió alcanzar metas más importantes, pero Toño, sinceramente, no tenía nada que envidiar a Pepe “Maroto”, que, por cierto, salió a hombros de los aficionados en Fabero, tras un empate a cero goles, con los de la cuenca minera.
Lo que ocurre, como ocurre casi siempre, es que Toral no tenía equipo federado y todos los partidos que jugábamos eran amistosos: Villafranca, Villadepalos, San Miguel de las Dueñas, Quilós… y tampoco había ojeadores, como hoy, y Toño pasó desapercibido en El Bierzo, pero hubiera sido una figura en cualquier equipo de la Región.
Yo solía entrenar con él -es un decir- en el patio de las escuelas, de tierra apisonada. Toño se colocaba debajo de una portería de balón mano y esperaba mis disparos, a veces, a bocajarro, pero, siempre, me decía que me acercase más y que golpease con fuerza el balón.![]()
Victoriana, la madre, no quería que sus hijos jugasen al fútbol y, a veces, algún domingo, los encerraba en la habitación, bajo llave, pero, siempre, lograban salir por un ventanuco deslizándose a la calle por una soga fuerte y, al regreso, empleaban el mismo sistema para entrar a casa. Yo no sé si su madre llegó a enterarse del truco y, si se enteró, nosotros nunca lo supimos.
Toño -lo recuerdo ahora- tenía una novia con la que, finalmente, casó. Era Tere, pero Tere, un día, emigró a Francia y Toño se carteaba con ella. Yo, en un primer momento, le escribía la dirección en los sobres, por aquello de los acentos. Creo recordar que iban a “Lycée Charles Péguy” . Allí enviaba Toño las cartas.
Toño, más tarde, emigró a Cataluña, supongo que casado y fue feliz con Tere, pero yo no volví a saber de él.
Alguien me dijo que había fallecido, pero que tiene hijos en Cataluña .Yo quiero que sepan que su padre fue un gran amigo mío, una excelente persona y un jugador de fútbol de clase excepcional
Categorías:Colaboradores, Toni


















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