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Tiempo ha
[Rememorando “El origen del mundo” de Galeano]
Tiempo ha, vencidos y cautivos los últimos restos de los ultramontanos unionistas, se había conseguido desmembrar la milenaria Hispania conquistada por Roma. Uno de aquellos pánfilos españolistas, filólogo arabista, consiguió salir del gulag, impuesto por los rupturistas, con abundantes retazos de memoria histórica propia. Su pasatiempo preferido consistía en releer los textos de su biblioteca eficazmente guarecida. Por las tardes se entretenía escuchando música clásica. Sus obras favoritas eran las sinfonías de los maestros del Romanticismo. Su mujer, de cultura urbana hípster, era amante de lo vintage
. Esa era la razón por la que justificaba que su esposa estuviese con él. A fin de cuentas, frente a ella, podía considerarse un hombre vintage. Cada noche, al llegar su hija mayor de la Escuela Cantonal de separatismos puros, le repetía, como un mantra hindú, la frase atribuida a Julio César “divide y vencerás”.
Muchos años después, Montse Puig, la hija mayor de aquel pánfilo unionista español, me comentaba la anécdota ocurrida con su padre. Me dijo: Papá, pese a su paso por el gulag, siempre retuvo resabios españolistas. Su antigua nación, sus sobresalientes figuras que le dieron lustre y aquellas efemérides que modificaron la Historia Universal eran sus únicos pensamientos. No había manera de razonar con él.
–A ver papá –le preguntó, en aquella ocasión Montse llorando. Si España no existe, ¿Quién creó a los españoles?
–Tonta – respondió el filólogo arabista, con rictus de tristeza–,
–Los españoles los inventamos los filólogos –concluyó–.
[Rememorando “El origen del mundo” de Galeano]
Tiempo ha, vencidos y cautivos los últimos restos de los ultramontanos unionistas, se había conseguido desmembrar la milenaria Hispania conquistada por Roma. Uno de aquellos pánfilos españolistas, filólogo arabista, consiguió salir del gulag, impuesto por los rupturistas, con abundantes retazos de memoria histórica propia. Su pasatiempo preferido consistía en releer los textos de su biblioteca eficazmente guarecida. Por las tardes se entretenía escuchando música clásica. Sus obras favoritas eran las sinfonías de los maestros del Romanticismo. Su mujer, de cultura urbana hípster, era amante de lo vintage. Esa era la razón por la que justificaba que su esposa estuviese con él. A fin de cuentas, frente a ella, podía considerarse un hombre vintage. Cada noche, al llegar su hija mayor de la Escuela Cantonal de separatismos puros, le repetía, como un mantra hindú, la frase atribuida a Julio César “divide y vencerás”.
Muchos años después, Montse Puig, la hija mayor de aquel pánfilo unionista español, me comentaba la anécdota ocurrida con su padre. Me dijo: Papá, pese a su paso por el gulag, siempre retuvo resabios españolistas. Su antigua nación, sus sobresalientes figuras que le dieron lustre y aquellas efemérides que modificaron la Historia Universal eran sus únicos pensamientos. No había manera de razonar con él.
–A ver papá –le preguntó, en aquella ocasión Montse llorando. Si España no existe, ¿Quién creó a los españoles?
–Tonta – respondió el filólogo arabista, con rictus de tristeza–,
–Los españoles los inventamos los filólogos –concluyó–.
Categorías:Colaboradores, Fernando


















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