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EL CORREO DE LOS ENAMORADOS- II

toni- cabalgamos

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MEMORIA DE TORAL

El libro que nos ocupa -hoy escribimos el segundo capítulo- en esta CRONICA DE TORAL se vendió bien en los comercios de aquella España de nuestros pecados y supongo que igualmente ocurrió en Toral, aunque -eso pienso- era comprado a hurtadillas porque nadie quería que se supiese que escribía cartas a su novia copiándolas de un libro que apenas tenía valor.

Leemos, por ejemplo, la contestación a una declaración de amor, denegando las relaciones:

“Recibí su carta que me disgustó, porque yo creía que era usted un hombre sereno y que nuestra amistad no iba a terminar con una declaración de amor, como han hecho otros chicos que me acompañaron”.

“Me parece que hace poco tiempo estaba usted demasiado interesado con su última novia para que ahora pueda sentir lo que dice siente por mí”.

O sea, que la chica sabía muy bien cómo se las gastaba su pretendiente y cómo debía tratarlo.

Veamos otra carta de un mozo que aspiraba al amor de la chica de sus sueños y que concluía así.

“Ordena. Yo obedeceré. Lo que tú deseas es para mí una orden. El pedido que sale de tus labios me hace ser tu esclavo”.

A esta carta, ella podía responder:

“Tu carta no tiene contestación posible porque está contestada con mis continuas pruebas de afecto y agradecimiento a tu sincera adhesión, pero si necesitas que te diga que eres el único hombre que no me es indiferente, te lo diré bajo mi firma y bien puedes creerme”.

O sea que él se declaraba y ella lo aceptaba. Y el tema terminaba bien.

Hay, también, en EL CORREO DE LOS ENAMORADOS una primera carta pidiendo relaciones de esta manera:

“Solo quiero que me contestes a una cosa. A esta: ¿es cierto que tuviste un novio que te interesó mucho?”

De lo que deducimos que el pretendiente quería estar seguro de la chica y que el otro no volvería.

Contéstame con franqueza pensando que las cosas pasadas, pasadas están y que entre nosotros no debe haber ningún secreto”.

No sabemos -pero lo suponemos- que respondería ella, si es que respondía algo o si no le interesaba responder. Eso sí. No daba respuesta a la pregunta del pretendiente sobre si había tenido o no había tenido un novio.

Era costumbre, sabido es, y en Toral también ocurría, que el novio acudía a pelar la pava como se decía antes, los martes y los jueves. Los sábados y los domingos acompañaba a su chica al cine o al baile o se citaba con ella en la estación Estación, a la hora del correo -seis y veinte- para pasear.

A una carta en la que el novio tenía dudas, ella podía responder así:

“Si vuelves a decir tonterías de esta clase, tendrá que darte una reprimenda muy seria; pero tengo la esperanza de que no lo vuelvas a hacer y que te fíes de la palabra de tu novia”.

Hay cartas de despedida -todas las despedidas son dolorosas- a causa de un viaje:

“Como sabes bien lo mucho que te amo y el tormento que es para mí vivir sin verte comprenderás mi amargura sin límites al tener que dejarte”.

O esta otra:

“Cuantos más días pasan en esta amarga soledad en que me tiene tu ausencia, más es mi dolor por ella. No hago otra cosa que recordar tu imagen amada y soñar que se convierte en realidad”.

“He leído unos versos muy bonitos que te voy a escribir aquí porque ellos dicen, mejor de lo que pueda decirlo yo lo que es para mi corazón tu ausencia:” La ausencia es para el amor / como es para el fuego el viento / si es mucho, lo hace mayor / si es poco, lo apaga luego//.

A buen seguro muchos de los lectores jóvenes -y no tan jóvenes- este tema del que hablo: escribir cartas, les parecerá insólito, pero todo esto sucedía porque en aquel entonces no existían los e-mails ni había teléfonos móviles y uno escribía a la novia de turno y le hacía llegar las cartas de cualquier modo o manera: por un amigo o dejándolas en un lugar convenido.

Hoy terminamos aquí aquí. Hay tema para un nuevo capítulo que contaremos en una nueva MEMORIA DE TORAL.

Categorías:Colaboradores, Toni

1 respuesta »

  1. Buenas tardes, soy nieta del editor del Correo de los Enamorados, de Lugo, y curiosamente mi abuelo se llamaba Francisco Esteban González, podría haber algún parentesco o es solo casualidad? Tengo alguna posibilidad de hacerme con algún ejemplar de ese libro? De ser así, me gustaría poder contactar. Un saludo.

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