Colaboradores

EL CORREO DE LOS ENAMORADOS (1)

toni- cabalgamos

thumbnail_Escáner_20180623 [Resolucion de Escritorio]

MEMORIA DE TORAL

Yo no sé qué causa o motivo obligó a mi padre, un día, para pedir a EDICIONES CELTA de Lugo varios ejemplares de un pequeño libro -poco más que un folleto- titulado EL CORREO DE LOS ENAMORADOS, que era, según su autor, “una novísima colección de cartas de amor sobre todos los motivos. Dedicatorias para fotografías. Modelo variado de correspondencia entre amigos. Cartas comerciales o familiares, amén de un santoral alfabético, una pequeña antología amorosa y la “dolora” de Campoamor “SI YO SUPIERA ESCRIBIR…¡”.

Sinceramente no sé por qué mi padre pidió a EDITORIAL CELTA varios ejemplares de este libro aunque -me supongo- sería porque la cultura epistolar de aquel entonces estaba en pañales ya que había personas -mozos y mozas- que necesitaban guía para expresar sus pensamientos amorosos o porque las cosas eran así, sin más, y los comercios vendían todo aquello que supusiese innovación.

Bien sabido es, también, que en ocasiones, alguien buscaba a alguien que supiera redactar una carta amorosa. Yo mismo en Ceuta, en mi vida militar, serví de amanuense para compañeros cobrándoles cinco pesetas por carta escrita.

No sé, ahora mismo, cuantos ejemplares pidió mi padre , cuántos le enviaron o cuántos vendió. Supongo, aunque sea mucho suponer, que vendió alguno y que alguno quedó en el comercio y hoy está en mi biblioteca particular, entre otros seis mil volúmenes de tema diversos.

Antes de continuar quisiera que mis lectores -suponiendo que algunos tenga- reflexionen sobre cómo era la vida social en aquel entonces. Por ejemplo: no se pedía noviazgo a una chica -o una chica aceptaba– sin más ni más. Había unas normas específicas que todo el mundo aceptaba.

Uno no podía acompañarla, por ejemplo, durante el paseo -arriba y abajo, por la carretera- ya que era necesario un consentimiento expreso de la moza que, a veces ,cuando ella iba acompañada por varias amigas, del brazo, solía colocarse en medio para que el pretendiente no tuviese un pronto contacto con su enamorada.

Este comportamiento era normal en aquella época y con frecuencia, antes de llegar al noviazgo, se intercambiaban cartas muy respetuosas que llegaban a tratar de usted a la persona a la que se dirigía la misiva.

Vean, por ejemplo, una carta de declaración de amor que hoy parece, cuando menos, insólita, pero muy normal en aquellos días. Dice así:

“Distinguida señorita: Solo el temor a no ser correspondido fue la causa de que haya llegado el momento sin decidirme a expresarle mi amor que es tan grande y profundo que, únicamente, por ser usted tan llena de encantos, está justificado”.

A esta carta -ceremoniosa- ella, la chica, podía responder aceptando o diciendo que no.

Si respondía afirmativamente, lo haría de esta manera:

“Muy señor mío : Solo tengo que decirle que mi afecto corresponde al suyo y que, por esta carta acepto el compromiso de nuestras relaciones”.

“Espero que a lo largo del tiempo me demuestre que su cariño es lo que asegura” .

“Se despide su segura servidora…”.

O este otro modelo:

“Distinguido amigo: No tengo inconveniente en decirle que puede acompañarme. Tendré mucho gusto en que usted me hable y trate de conocer los sentimientos que me pide en su carta” Puede, pues, acercarse a mí en la calle en la seguridad de que no me acompaña ningún otro chico y que tengo para usted la mejor voluntad”.

Hay más cartas por el estilo, pero las dejamos para una nueva entrega de MEMORIA DE TORAL.

CONTINUARA

Categorías:Colaboradores, Toni

Deja un comentario