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TORALENSES EN LA GUERRILLA: ABEL ARES Y MATILDE FRANCO
El Bierzo era una comarca bastante politizada debido a la conflictividad sociolaboral que ligaba a las cuencas mineras carboneras de Ponferrada, Toreno del Sil, Matarrosa, etc; con la todopoderosa empresa Minero Siderúrgica de Ponferrada (MSP). En el caso de Toral de los Vados existía un importante movimiento sindical de ideología socialista y anarquista nucleado en torno a la fábrica de cementos Cosmos. Al estallar la Guerra Civil española en 1936, presuntamente varios trabajadores de dicha fábrica, afiliados a uno o a otro sindicato, robaron explosivos en el polvorín de la cantera de la fábrica Cosmos y/o incendiaron la antigua iglesia de San Cristóbal durante la noche del 24 al 25 de julio.
Como señala Carlos Fernández Rodríguez, varios serían arrestados (Antonio Fernández y Fernández, Antonio del Valle García, Blas San Miguel Casín, César Fernández Santín, Diego Diñeiro Cuadrado, Dionisio Ferrero Aller, José Iglesias Silva, Serafín Iglesias Silva, Eduardo García Castañón, Vicente Franco Santín, Jesús Franco Santín, Julio Franco Santín, José Álvarez Ares, José Fernández Campos, Juan García García, Juan González Fernández y Rogelio Rallo Vega), juzgados en un consejo de guerra y fusilados el 17 de noviembre en Montearenas (Ponferrada). En su mayoría eran vecinos de Toral, exceptuando cuatro de Villadepalos (Diego Diñeiro, Juan González, Jesús Franco -de origen toralense- y Antonio Fernández) y uno de Otero (Juan García). El consejo de guerra sirvió de excusa para perseguir a los dirigentes sindicales y políticos de la izquierda toralense. Según Julián Casanova, la represión franquista en la retaguardia durante la Guerra Civil española (1936-1939) provocaría la muerte de unas 100.000 personas en toda España. Políticos de izquierdas, sindicalistas, maestros, militares republicanos o simples civiles sospechosos de no apoyar al bando franquista se convirtieron en las víctimas propiciatorias.
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Según Hartmut Heine, la mayoría de los obreros organizados y combativos del Bierzo se encontraban entre los 300 hombres (700 según Secundino Serrano) que partieron los primeros días de la guerra de Toral de los Vados-Ponferrada para luchar por la II República en el frente de Asturias, donde formarían una unidad autónoma de choque bajo la dirección de un inspector de Policía de Ponferrada llamado Vicente Campillo.
Tal y como indica Miguel José García González, en el Bierzo se produjo un retorno de población al campo tras la Guerra Civil española. Sin embargo, la baja productividad agrícola y la ausencia de mecanización determinaron que todavía en 1945 los jornaleros constituyeran más del 23% del sector primario berciano. En el marco de la autarquía, el intervencionismo estatal en dicho sector supuso la fijación oficial de los precios de los productos agrícolas (en general bajos), lo que estimuló la ocultación por parte de los labradores de buena parte de las cosechas reales y que la producción agrícola declarada descendiera en un 25% en relación al promedio de los años de la II República.
A su vez, como consecuencia de la escasez y del racionamiento alimenticio, se desencadenó en España un intenso mercado negro (conocido como “estraperlo”) de productos básicos; mientras que los índices de precios, que fluctuaron durante la II República entre 164 y 168 (base 100 en 1913), ascendieron a 289 en 1941 y a 500 en 1945. No obstante, los salarios permanecieron estancados. El abandono, la escasa implantación ganadera y la infraestructura anacrónica del agro berciano, que además tenía que sostener la lucha guerrilla-contraguerrilla sufriendo las represalias y las exacciones, requería para su mejora una serie de reformas que el régimen franquista no estuvo dispuesto a realizar.
Matilde Franco Canedo, nacida en Toral de los Vados en 1921, fue enlace de la guerrilla y esposa de Abel Ares Pérez, uno de los guerrilleros que había participado en la fundación de la Federación en 1942. En una entrevista que posteriormente concedió al escritor Alfonso Domingo en su casa de Toral, Matilde le relató las penalidades y el miedo que vivió durante la posguerra debido a la represión franquista:
No podíamos hablar con nadie. Lo pasamos muy mal. Los falangistas quisieron cortarnos el pelo y nos daban a tomar aceite de ricino. Como les hicimos unas camisas con sus insignias nos dejaron de momento en paz. A mi hermano el que estaba en Asturias lo cogieron y fue condenado a 30 años y un día. Otro hermano cayó en el lado franquista y tuvo que hacer la guerra con Franco. Otro hermano mío estuvo escondido desde 1936 hasta 1941, cuando al final lo descubrieron. Como mi hermano no aparecía nos llevaron a la cárcel de Ponferrada, donde estuvimos 48 días. Por último nos desterraron a Ciudad Rodrigo. A mí, a mis padres e incluso a mi hermano que venía de luchar con los vencedores. Nueve meses nos tuvieron allí hasta que encontraron a mi hermano oculto y le internaron una temporada en un campo de concentración. Después de esos nueve meses regresamos a Ponferrada. Había que empezar a vivir otra vez. Teníamos miedo de todo. No se podía tener confianza con nadie. No había pan, aceite, nada. Aquello no era vivir. Cuando veía a la Guardia Civil el corazón se me estrechaba. Les tenía más miedo a los guardias y a los falangistas que a los moros y al Ejército que también tuvimos aquí. Y eso que nunca me pegaron. Durante mucho tiempo no podíamos tener la luz encendida a las ocho de la noche, lo teníamos prohibido. Entre vecinos se hablaba pero nadie comentaba nada. Mataban hasta la gente que nunca se metió en política.
El guerrillero Abel Ares tuvo suerte de escapar a la montaña. Jornalero de ideología socialista nacido también en Toral de los Vados en 1909. Fue detenido por haber apoyado la huelga revolucionaria de octubre de 1934. Durante la Guerra Civil española fue teniente en el bando republicano en el frente de Asturias, algo que suponía un consejo de guerra y una condena a muerte casi segura a manos del régimen franquista. Por este motivo tuvo que huir al monte, en concreto hacia la zona de Casayo (Orense). Precisamente allí se irían concentrando multitud de individuos que huían de la represión franquista y que luego se animarían a crear la Federación de Guerrillas de León-Galicia: Marcelino de la Parra Casas, Manuel Girón Bazán, Abelardo Macías Fernández “Liebre”, José Vegas Seoane “Ánimas”, etc.
Según el famoso Informe de Ramiro Losada, ex combatiente comunista huido, existían entre los montes de Galicia y León unos 20.000 hombres organizados. El número es exagerado, pero indicativo del gran contingente de huidos que operaban por la zona. Según el mismo Losada, a finales de 1938 existían en las zonas fronterizas de Orense-Lugo-León hasta nueve partidas guerrilleras, destacando la guerrilla de Toral de los Vados, la cual estaba formada por nueve hombres al mando de Abel Ares. Secundino Serrano señala que el 27 de marzo de 1940 encontró la muerte Rufino Guerrero Vidal (nacido en Toral en 1913), que aparecía en una requisitoria en compañía de otros compañeros de la zona, entre ellos los responsables del Sindicato del Cemento de Toral. Tal vez formaba parte del grupo que capitaneaba Abel Ares en los alrededores de este pueblo. Ares terminará convirtiéndose en uno de los hombres clave de la guerrilla berciana, tanto por sus relaciones en la zona como por sus dotes para el mando y el conocimiento del terreno. Especialista en vadear ríos, guiaba a sus compañeros, ayudaba a los que se hallaban en dificultades y cuando la corriente era muy fuerte, los llevaba sobre sus espaldas.
Matilde sabía todo aquello, pero no conoció a Abel hasta 1942:
Abel se tiró doce años en la montaña. Son muchos años, pasó mucha hambre, pasó mucho frío, andaba escondido dónde podía. Lo pasó muy mal. Yo cuando enlacé con Abel en 1942 no quería estar con él por miedo, ya teníamos bastante con lo que se había sufrido en casa. […] Cuando le conocí fue una noche que había llovido muchísimo. Los ríos se desbordaron y no podían cruzar por ellos, tenían que pasar por el ferrocarril, un cuñado mío era el que los pasaba, Luis Sorribas. Aquella noche vino y le preguntó a mi madre si quería dar de cenar a dos personas, Abel y un compañero. En mi casa siempre fueron de izquierdas y no estábamos muy bien vistos en aquellos tiempos. Mi madre me lo dijo y yo le contesté que no quería ver a nadie. Yo tenía mucho miedo.
Bueno, vino y cenó en mi casa y desde aquel día pues ya empezamos. Más tarde cayó enfermo y mi cuñado Luis Sorribas vino a verme y me dijo que tenía que poner unas inyecciones a Abel. Yo le dije que no, pero él me convenció. Vino a casa, lo curé y ya no pude volverme atrás. A partir de ese momento él venía a mi casa de manera que yo no tenía que enlazar por ahí. Éramos un punto de apoyo. Así estuvimos hasta 1952 y nadie desconfió de mí. Mi cuñado Luis Sorribas era el enlace primero que había aquí del Bierzo, pero para todo lo demás estábamos las mujeres. Yo compraba la ropa, los zapatos, los medicamentos y hacía las cosas que mi cuñado no podía hacer. Como yo tenía hermanos compraba tres o cuatro camisas y no parecía raro. La gente nunca se dio cuenta. Yo iba a casa de los fascistas y nunca levanté sospechas.
Según Secundino Serrano, algunas acciones guerrilleras destacadas en 1944 fueron la ocupación temporal del pueblo de Toral de Merayo (desarmando a la Falange local y a un guardia de prisiones), y el mitin político pronunciado a orillas del río Cúa, en las proximidades de Toral de los Vados. A dicho mitin asistieron 24 guerrilleros y unas 70 personas de la localidad. En 1940 habitaban en Toral más de 3.000 personas. En la citada entrevista de Matilde se hace referencia posiblemente a este mitin, señalándose que las fuerzas del orden público desencadenaron después una brutal represión tras tener conocimiento del mismo:
Una vez los escapados hicieron una reunión con los jóvenes del pueblo. Esa reunión se descubrió, alguien habló y llegó a oídos de la Guardia Civil. A mi cuñado, Luis Sorribas lo cogieron y lo llevaron a la cárcel, allí lo molieron a palos. Luego salió y volvió a casa pero tan mal que ni podía trabajar. Al cabo de un año murió. Lo enterramos en agosto. Esto fue después de 1942. Después de eso yo ya no pude enlazar con Abel porque él ya no podía venir a mi casa. Yo sabía de él pero no enlazábamos. Después iba a verle yo por ahí a Villamayor, o a la montaña o donde fuera y donde podía. Así seguimos y cuando le hacía falta algo yo seguía yendo al sastre a por ropa o a comprar cosas. Seguía siendo un apoyo. […] Me enamoré de Abel y cuando tuve que ir a salvarlo fui de corazón. Si tuviera que hacerlo otra vez lo haría sin dudar. Salvé la vida de dos hombres que estaban condenados a muerte. Es para mí una satisfacción. Si yo no hubiera estado allí a lo mejor los hubieran matado. Y gané el mejor de los maridos. Puedo decir que con Abel he sido feliz.
Según Secundino Serrano, 1945 fue un año en el que se produjo un aumento de la violencia en las zonas que operaba la Federación. La seguridad de la no intervención aliada en España propició la entrada en una dinámica sangrienta de la que serán víctimas tanto guerrilleros y enlaces como fuerzas de represión y personas derechistas. A su vez la guerrilla intensificó sus actos de sabotaje por todo el Bierzo: voladura de la vía ferroviaria cerca de Montefurado, central hidroeléctrica de Molinaferrera, etc. El propio Abel Ares recibió la orden de volar la central de Fabero, cosa que finalmente no cumplió porque en el último momento fue citado a una reunión de mandos en Ferradillo. En julio de 1946, miembros de la I Agrupación tuvieron un encuentro con una patrulla en Villafranca del Bierzo, apoderándose de una carabina ametralladora y munición, y ese mismo mes Abel Ares y otro guerrillero llamado Evaristo González Pérez “Rocesvinto” fueron cercados en el pueblo de Penedelo, pero lograron escapar sin bajas. Ares también había salido indemne el 9 de abril de otro ataque de la Guardia Civil en el pueblo de Tejeira, donde estaba alojado junto con otros guerrilleros como César Ríos. No sobrevivió al encuentro el guerrillero Gerardo González Cañedo.
LA REPRESIÓN DE LA GUERRILLA A PARTIR DE 1947. LA HUIDA DE ABEL Y MATILDE A FRANCIA
A pesar de que según Paul Preston el 45% del presupuesto del Estado español del año 1946 estuvo dedicado al aparato de represión (Policía Armada, Guardia Civil y Ejército), lo cierto es que según Secundino Serrano hasta 1947 la eficacia de las fuerzas represivas franquistas en la lucha antiguerrillera fue relativa y las pérdidas de la guerrilla podían catalogarse como normales. Sin embargo, la represión aumentó enormemente a partir de ese año debido a la consolidación de la dictadura franquista tras descartarse definitivamente una invasión militar anglo-estadounidense para deponer un régimen que había estado estrechamente vinculado a la Italia fascista y a la Alemania nazi durante la II Guerra Mundial.
De hecho, el comienzo de la Guerra Fría permitió la supervivencia de Franco, pues gracias a su exacerbado anticomunismo Estados Unidos y Reino Unido rechazaron una intervención armada que podría propiciar el establecimiento de un régimen comunista en España subordinado a la Unión Soviética. También influyó el aumento sustancial del presupuesto de la Benemérita (lo que se tradujo en una mejora de las dotaciones de hombres y armamento en los denominados “sectores de huidos”), la multiplicación de las delaciones y las traiciones, las numerosas desarticulaciones de las redes de enlaces, la infiltración de miembros de las contrapartidas en los grupos guerrilleros o el aumento de las ejecuciones extrajudiciales de enlaces a través de la universalización de la famosa “ley de fugas”.
Secundino Serrano señala que el 23 de enero de 1947 se reunieron en Madrid los mandos más representativos de la Guardia Civil, acordando luchar eficazmente contra los elementos incontrolados y disparar sin previo aviso contra los que huyan, es decir, la aplicación sistemática de la “ley de fugas”. De las batidas en las montañas buscando el enfrentamiento con los maquis se pasó al sistema indirecto: no salir en busca del guerrillero, sino esperarlo. No atacarlo a él directamente, sino a sus enlaces y a sus puntos de apoyo, poniendo en funcionamiento una inteligente captación de delatores o chivatos reclutados de forma más o menos coactiva entre los propios enlaces y personas de izquierdas. Una orden de la Comandancia de la Guardia Civil de León explicitaba en 1947 que si algún auxiliar es sorprendido en hecho flagrante de auxilio a
las partidas se procederá como si fuese un componente de éstas, y se actuará con el máximo de dureza. Las directrices que llegaban a todas las comandancias de España eran idénticas. Los confidentes y la subsiguiente pérdida de los puntos de apoyo fueron los dos elementos en los que se apoyó la aniquilación de la resistencia guerrillera.
La legislación represiva volvió a vigorizarse con la derogación de la Ley de Seguridad del Estado de 1941 y la promulgación del Decreto-Ley del 18 de abril de 1947 sobre represión de los delitos de bandidaje y terrorismo. En el preámbulo de la nueva ley podía leerse que los delitos de terrorismo y bandidaje, que constituyen las más graves especies delictivas de toda situación de postguerra, secuela de la relajación de vínculos morales y de la exaltación de los impulsos de crueldad y acometividad de gentes criminales e inadaptadas, requieren especiales medidas de represión, cuya gravedad corresponda, a la de los crímenes que se trata de combatir.
El decreto contemplaba una gran cantidad de supuestos que implicaban la pena de muerte, especialmente para todo integrante de partidas guerrilleras, ya que la pena capital se aplicaría siempre y cuando el delito del acusado hubiera provocado alguna muerte, pero también si alguno de los malhechores esgrimiese un arma de guerra o cuando hubiera detenido viajeros en despoblado y cometido atracos o secuestros de personas. Por último, se incitaba también a la delación al estipularse que quedarán exentos de la condena que pudiera corresponderles aquellos que faciliten la captura de partidas guerrilleras o avisen a las fuerzas del orden de su presencia.
Iñaki Egaña da cuenta de la magnitud de la represión señalando que en 1947 el régimen franquista reconocía, según estadísticas propias, que el número de prisioneros políticos ascendía a 106.249, de los que 18.000 eran mujeres. Excepto un número cercano a los 5.000, los demás eran todavía prisioneros de guerra. En 1940 la población reclusa superaba las 230.000 personas. Recuérdese también que desde 1936 hasta 1948 se mantuvo en vigor la situación excepcional de estado de guerra, facultando que fueran tribunales militares los encargados de juzgar diversos delitos a través de procedimientos sumarísimos. Finalmente, tampoco debe olvidarse que según Julián Casanova al menos 50.000 personas fueron ejecutadas en la década posterior al final de la Guerra Civil española.
Las sucesivas redadas policiales contra los enlaces dejaron a la guerrilla herida de muerte. Finalmente en 1948 algunos guerrilleros como César Ríos Rodríguez, Mario Morán García, Marcelino Fernández Villanueva “Gafas”, Abel Ares Pérez y su compañera Matilde Franco Canedo, dieron la lucha por perdida y lograron huir a Francia. Otros como Marcelino de la Parra Casas tuvieron menos suerte, ya que fue detenido en la frontera catalana. Trasladado a León, fue interrogado bajo torturas hasta que acabó condenado a muerte en un consejo de guerra y ejecutado en noviembre de 1948. Concretamente Abel y Matilde salieron de Toral el 7 de diciembre en un taxi propiedad de un amigo de Ares según Secundino Serrano. Luego se trasladaron a Oviedo, donde pasaron momentos de tensión al cruzarse con un guardia civil de su pueblo. Lograron proseguir su camino sin contratiempos y el día 13 cruzaron la frontera hispano-francesa, pese a que los detectaron en la misma línea fronteriza y les echaron el alto. Matilde relató al escritor Alfonso Domingo su huida:
Salimos el 7 de diciembre de 1948. Yo cogí el taxi pasada la estación, nadie desconfió de mí. Un poco más arriba recogimos a Abel. Cuando pasamos por Villafranca había muchísimos guardias civile
Seguimos y en Espinareda nos dieron el alto cuatro guardias, les dijimos que íbamos a una boda y nos dejaron seguir. Llegamos a Lugo, y luego a Oviedo, allí nos quedamos en el hotel La Paloma, donde vi a un teniente que conocía, pero él no nos vio. Menudo miedo, ya no podíamos bajar a comer así que fingí estar enferma para que nos subieran la comida arriba. Cuando llegamos a Bilbao ya nos tenían preparada una casa. Teníamos que pasar en una barca hasta Bayona pero la mar se puso brava y no pudimos hacerlo así que marchamos por la montaña. Toda la noche andando, nos dieron de cenar en un caserío. Pasamos un día allí. Eran dos enlaces los que nos llevaban. Cuando pasábamos por una carretera ¡La Guardia Civil! Echamos a correr, yo le decía a mi marido ¡Suéltame! Para que él pudiera correr mejor. Alcanzamos un bosque de castaños monte arriba y allí despistamos a los guardias. Estábamos al lado de Francia. Encontramos una cabaña de pastores que tenía paja limpia y allí nos acostamos una hora. Nos dijo el enlace que en una hora estábamos en la frontera, allí teníamos que saltar un muro y quedarnos quietos porque en ese momento ya estábamos libres. Fue la alegría más grande del mundo ver a Abel libre ¡Ya no te pueden matar! Nos llevaron a Bayona y allí estuvimos tres días. No encontrábamos trabajo y al final nos fuimos a París con 3.000 pesetas. No teníamos casa, solo lo puesto y una muda. No teníamos nada. Pero los que anduvieron por el monte con mi marido estaban allí y nos ayudaron; aún así los dos primeros años fueron durísimos. Luego la vida se fue arreglando. El 17 de julio de 1951 nos casamos. No regresamos a Toral hasta 1992.
Con la entrada en la década de los 50 se consumó el fin de la actividad del maquis. La huida al exilio de varios guerrilleros, la dureza de la represión policial contra los que permanecieron en España y el enfrentamiento de Estados Unidos con la Unión Soviética en el marco de la Guerra Fría; fueron los factores que permitirían la supervivencia de la dictadura franquista. Atrás quedaban años de feroz lucha, de muertes y sufrimientos insertados en un capítulo crucial de la historia del Franquismo: el movimiento guerrillero. No en vano, en 1955 el general Camilo Alonso Vega llegó a hacer referencia a la guerrilla antifranquista en su discurso de despedida como Director General de la Guardia Civil, indicando que el bandolerismo tuvo gran significado en España porque perturbaba las comunicaciones, desmoralizaba a las gentes, destrozaba nuestra economía, quebrantaba nuestra autoridad y nos desacreditaba en el exterior.
Abel Ares Pérez falleció en Toral de los Vados el 12 de septiembre de 1998.
BIBLIOGRAFÍA
-Casanova, J. y Gil Andrés, C. (2009), Historia de España en el siglo XX. Ed. Ariel.
-Domingo, A. (2002), El canto del búho. La vida en el monte de los guerrilleros antifranquistas. Ed. Oberon.
-Egaña, I. et al. (1998), El libro negro del capitalismo, Ed. Txalaparta.
-García González, M. J. et al. (1994), Historia de El Bierzo. Ed. Diario de León e Instituto de Estudios Bercianos.
-Heine, H. (1982), A guerrilla antifranquista en Galicia. Ed. Xerais de Galicia.
-Macías, S. (2005), El monte o la muerte. La vida legendaria del guerrillero antifranquista Manuel Girón. Ed. Temas de Hoy.
-Preston, P. (2004), Franco. Caudillo de España. Ed. DeBolsillo.
-Serrano, S. (1988), La guerrilla antifranquista en León (1936-1951). Ed. Siglo Veintiuno de España
Diego Castro Franco
Categorías:HisToral

















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Más arriba aparecen las fotografías de 14 personas. Por el tema que se habla en este pequeño reportaje presumo que serán antiguos guerrilleros, o personas relacionadas con la guerrilla ¿Alguien podría identificarlos por sus nombres completos? Sería interesante, al menos a mi me lo parece. Gracias