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MEMORIA DE TORAL
Se les llamaba así,pero tenían muy poco de "misiones" y nada, o casi nada,de "santas" ya que ninguno de los asistentes a aquellas plúmbeas conferencias pretendían convertirse en santos por mucho incienso que vertieran en las plegarias.
La "misión",para nosotros, hijos de una postguerra que parecía no tener final ,tampoco era "misión"ya que esta palabra llevaba consigo ir a países salvajes a convertir y bautizar -por ejemplo- negros del África Tropical que eran aquellos que ,cantando , producían el cacao como decía la canción: " Yo soy aquel negrito del África Tropical…"
Hoy los negritos del África Tropical juegan en las ligas europeas ,ganan dinero y no hace falta bautizarlos y para los chinos que estaban embelesados con la Larga Marcha de Mao buscábamos los sellos usados de las cartas o el.papel de plata con el que se envolvían los caramelos y con el que forrábamos los dientes y que no sé para qué lo querían los chinitos de China
En Toral, a aquellas conferencias que pronunciaban los padres redentoristas u otros religiosos, se les llamaba "Santa Misión" y queda explicado que, para este escribidor ,no tenían nada de "santa" ni de "misión"
Estas "misiones" solían celebrarse en Cuaresma que es época de penitencia,después de la "ceniza" , y según leyes no escritas , eran obligatorias para todos:hombres y mujeres,casados, jóvenes de ambos sexos ,solteros y en edad de merecer y niños y niñas de las escuelas.
Nadie podía asistir a las platicas de otros grupos : a los casados les estaba prohibido asistir a las conferencias de los solteros o viceversa. Y la feligresía, como no podía ser por menos, iba en borreguil manada en aquellos atardeceres tristes y lánguidos cuando el sol se había puesto al otro lado del Pico Ferreiro , a la iglesia, incluidos los trabajadores de la Fabrica que,según se decía, tenían permiso especial para dejar su trabajo y asistir a las conferencias y escuchar la voz tronituante del fraile que, revestido con la sobrepelliz,les hablaba de los males que los acechaban si no seguían los sabios consejos de los predicadores.
Supongo que si una casada -o casado- hubiera intentado asistir a la plática de los solteros habría caído en desgracia y todo ello explicado por un fraile que había hecho los votos de pobreza, castidad y obediencia y que,basado en esos votos, podía explicar con conocimiento de causa los pecados que se cometían por tocamiento o por los besos en la oscuridad,en el cine,los domingos en la sesión de tarde/noche.
Creo que tanto las mozas como los predicadores -también los mozos- lo único que sabían era que si la regla no llegaba en su momento,era motivo para preocuparse.
A los niños de las escuelas -la de don Paco,doña Felisa, que,según se decía había escrito un diario de los días en comenzó la Guerra Civil, doña Pilar o don Raúl- nos obligaban a ir a la Iglesia en dos filas como un manso rebaño de borregos al frente del cual iba el pastor -le llamábamos así:Pastor- un fraile obeso y coloradote de cara con un cinturón de cuero en torno al saya con el que, a veces, nos fustigaba. Nosotros no nos fijábamos en eso,solamente en las sandalias de cuero que casi dejaban sus pies al descubierto.
Posiblemente alguno de mis lectores recuerde a este fraile orondo que caminaba bamboleándose,ora apoyándose en un pie,ora en el otro, obligándonos a cantar aquella copla que decía:
El reloj lo hizo el relojero
El mundo lo hizo Dios.
No hay reloj sin relojero
No hay mundo sin "criador".
Y por mucho que insistiera el fraile en decirnos que pronunciásemos bien la última palabra, nosotros decíamos criador por creador.
El último día de las misiones, uno tenia que confesar.
Nuestros pecados eran faltas sin importancia que se perdonaban introduciendo la mano derecha en la pila de agua bendita y diciendo aquello que se decía:" Por este agua bendita que tomo en mis manos sean perdonados mis delitos y pecados" Y los pecados eran perdonados.O eso creíamos.
Había otros pecados más oscuros que pesaban en las conciencias, como era beber agua después de medianoche ,si al día siguiente tenias que comulgar; robar dos reales en casa para comprar cromos o desobedecer gravemente al padre a quien algunos trataban respetuosamente de usted.
Yo,personalmente , tuve una crisis de conciencia porque no confesé -y comulgue en pecado mortal - por increpar a un amigo con estas palabras:"Me cago en la leche que mamaste". Y así estuve, tristemente abatido, hasta que, años más tarde, el padre Feraud me dijo que aquello ni siquiera era pecado venial.Me absolvió y dentro de lo que cabe, fui un niño feliz.
Categorías:Colaboradores, Toni


















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