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Tras la separación del cuarteto de Liverpool y el comienzo de sus carreras en solitario fue George Harrison en noviembre de 1970 el más madrugador a la hora de debutar como solista con la publicación por Apple Records del que sería el primer álbum triple de la historia “All Things Must Pass”. Posiblemente esta posición de salida no respondió a algo casual, sino que fue motivada por las ganas que tenía de mostrar su valía como compositor después de haber ocupado un papel de segundón tras el tándem Lennon-McCartney.
En este álbum sobresalió de manera estrepitosa “My Sweet Lord”, el primer sencillo de este trabajo, que pronto alcanzó la cima en las listas tanto en Estados Unidos como en Inglaterra consiguiendo además 6 discos de platino. La revista Rolling Stone la situó en el puesto 454 en su lista "Las 500 mejores canciones de todos los tiempos".
Nació como una idea con cierto aire gospeliano tipo “Oh Happy Day” de Edwin Hawkins para ser incluida dentro del álbum “Encouraging words” de Billy Preston con quien Harrison estaba colaborando en aquel momento, pero finalmente le gustó como quedaba la canción y decidió adaptarla a su estilo y grabarla también en su primer disco como solista.
Motivado por las influencias del hinduismo, fue escrita como alabanza al dios Krishna, sin embargo se consideró un canto religioso con tendencias un tanto ambiguas entre el hinduismo y el cristianismo, donde se repiten coros con aclamaciones judío-cristianas (Hallelujah) mezcladas con partes de mantras hindúes (Hare Krishna).
El misticismo, espiritualidad y tranquilidad que transmite la canción hizo que se convirtiese en un reclamo para un tiempo donde se preconizaba el lema “Paz y Amor”. De esta época de triunfal destaca el primer concierto benéfico de la historia que fue promovido por Ravi Shankar y George Harrison a favor de los refugiados de Bangladesh y celebrado en el Madison Square Garden de Nueva York en agosto de 1971, donde la interpretación de “My Sweet Lord” fue aclamada como un himno.
La paz y tranquilidad que proyectaba esta canción tuvo su fin cuando en 1976 la compañía Bright Tunes Music Corp. demandó a Harrison por plagio, debido a una violación de los derechos de autor, ya que supuestamente imitaba a la canción “He’s So Fine” escrita por Ronnie Mack (1962) e interpretada por The Chiffons, esta canción había tenido cierto éxito en Estados Unidos llegando a ocupar los primeros puestos de las listas durante cinco semanas.
Así comenzó la interminable y enrevesada historia judicial en la que en una primera fase se decretó que era obvio que ambas canciones eran virtualmente idénticas y aunque no se había utilizado de manera consciente la melodía de “He’s So Fine”, se declaró en contra de Harrison por plagio inconsciente. Esta sentencia dio paso a una segunda fase del juicio donde se tenía que concretar el valor de los daños. Se determinaron las ganancias de la canción en los 5 últimos años que ascendieron a 2.155.028 dólares y sobre este total el Juez sentenció que las 3/4 partes del éxito de “My Sweet Lord” se debieron a que la melodía había sido plagiada y la cuarta restante al prestigio de la figura del exbeatle y a la nueva letra. Resumiendo: total a pagar 1.599.987 dólares.
Esta polémica no terminó aquí y le acompañó durante varios años hasta que finalmente en 1990 adquirió todos los derechos de ambas canciones y puso fin así a esta amarga historia.
El 2002 My Sweet Lord volvió a llegar al número uno de las listas del Reino Unido debido a la reedición del disco que se publicó tras la muerte de Harrison.
De esta canción he grabado varias versiones y ésta que presento es el resultado de una mezcla de todas ellas.
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