Así se llama el perro de San Roque al que nuestro artesano local va intentar arreglar, que por cierto el perro no era suyo, era de un hombre rico llamado Gottardo Pallestrelli. Nuestro santo, Roque de Montpellier, hijo del virrey aragonés del Rosillón, sanó y ayudó a tener buen morir a numerosos afectados de peste bubónica por todo el norte de Italia. Incluso, sin miedo al contagio, enterraba a los fallecidos de peste.
Un día, cogió él la enfermedad. Se retiró a una cueva, para no contagiar… y allí lo descubrió Melampo. Le lamía las llagas y le llevaba cada jornada una rosca de pan. Gottardo, cierta vez, siguió a su perro, extrañado porque todas las mañanas cogía su rosca y se iba con ella al campo. Así descubrió a Roque, el sanador de la peste.
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