Carta abierta...

El remolque de la abuela “Rosa”

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Que pasa el tiempo se sabe, pero tan rápido es difícil de asimilar. Ese artilugio que parece de otra época, y que lo es, me hace pensar en aquellos momentos de niñez y juventud.

Mis primos y yo nunca olvidaremos aquellos días de verano sentados frente al televisor a las tres y media de la tarde,  que daban la serie que estábamos esperando, Galáctica o El Trueno Azul, El Equipo A, y muchas otras. Una vez acabada, se oía a la abuela, y muchas veces a mi madre, aquello de "vamos, que hay que ir a la huerta" ¿Y el río? ¿No vamos a bañarnos? Si, si, después, decían.

El remolque, ese armazón de hierro con dos ruedas, había que llevarlo al "prao de Parga". En Penedelo. ¿Pero por que no hicieron un camino pegado al río en vez de tener que subir la cuesta desde La Vega? Llevarlo desde casa era fácil. Casi siempre iba vacío. El problema era volver. Siempre cargado de mercancía.

Valía tanto para cargar madera y piedras como para llenarlo de verduras, patatas y manzanas. Incluso bombonas de butano.

También se usaba para jugar, claro, la abuela no, pero nosotros, los primos, cuantos derrapes dimos. Esas ruedas que no se gastaban nunca. Alguna vez pinchaban o reventaban por el peso, pero pocas.

Había que llevarlo con las dos manos o entre dos personas cuando había que subir la puñetera cuesta cargado. Nunca se le puso una tercera rueda. Ignoro el motivo.

A veces se ataba a la bici, cuando las bicis tenían porta bultos, y tirábamos del remolque con todas las fuerzas de nuestras blandengues piernas. Lo malo era frenar al bajar hacia casa. Y que no te callera nada, que te daban un coscorrón.

Mi primo Gustavo me envió esta foto hace unos días y reconoció que se emocionó al verlo allí, en la era delante de la casa de mi madre, décadas después, intacto. Como si no hubiera pasado el tiempo. Solo faltaba la abuela Rosa diciendo aquello de "vamos que se hace tarde" "¿Tarde? Si son las cinco. Tarde es para ir al río a bañarse, eso si"

He de reconocer que a mi las lágrimas no me saltaron, pero un escalofrío por el cuerpo y la piel de gallina si que me pasó. Te hace pensar en la familia que ya no está y en todo eso que se hacia y ahora ya no.

Era un vehículo que formaba parte del rural español al igual que las carretillas. Luego aparecieron los tractores y todo era mas fácil.

Cuantos recuerdos. Y que el remolque siga ahí hace pensar en los pocos años que vivimos.

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Firmado: Alfredo Ferraz del Valle

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1 respuesta »

  1. Estupendo relato,solamente te faltó preguntar»» que levante la mano quien no tuviese de aquella «» uno»» en su casa»» .
    Un abrazo de alguien que conoció a la abuela Rosa,a tus «» fantásticos»» padres y también a ti de»» chiquitin»

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