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EL DIA QUE ADOLFO SUAREZ ME PROMETIO VISITAR TORAL

toni- cabalgamos

Imagen (80) [Resolucion de Escritorio]

Hace cuarenta años, día más o día menos, UCD había vencido en las primeras elecciones democráticas, tras la dura noche de piedra de la dictadura.

Todo era fiesta, al menos en Lugo, en donde la coalición había obtenido cinco diputados y cuatro senadores. Yo estaba contento. Había colaborado en el éxito ejerciendo como Jefe de Prensa en campaña, acompañando a los candidatos en su visita a los pueblos en donde tenían que hablar. Pagaba sus gastos, -por mis manos pasaron catorce millones de las antiguas pesetas- buscaba alojamiento para ellos y, al atardecer, pasaba a los periódicos una reseña de lo acontecido e, incluso, en Muras -Muras u Orol, no recuerdo- como los candidatos no habían llegado me vi obligado a entretener la espera hablándoles de democracia.

Hay más anécdotas que quizá en otra ocasión cuente, si es que esta MEMORIA DE TORAL continúa apareciendo periódicamente y es del gusto de mis lectores.Imagen (81) [Resolucion de Escritorio]

La victoria de UCD fue celebrado, varios días después en el RESTAURANTE RIO MIÑO, propiedad de Manolo Granxeiro, a la entrada de Lugo, al lado de la gasolinera que aún existe y que estaba atendida por un cura, cosa que atraía a la clientela que gustaba ver despachar gasolina a un sacerdote.

A aquella cena, multitudinaria, además de los candidatos, proclamados ya diputados o senadores, aunque sin acta, asistió Adolfo Suárez que sería refrendado como Presidente del Gobierno.

Suárez era un hombre campechano que daba la mano a todos los que se la tendían y que siempre tenía en sus labios la palabra exacta que uno deseaba escuchar. Era -como dijo Alfonso Guerra- un ” tahúr del Mississippi y un encantador de serpientes”.

Yo, naturalmente, quise saludarlo y hablar con él y se lo hice saber a Cándido Sánchez Castiñeira, diputado electo y a José Manuel Otero Novas, Ministro de Educación en el anterior Gobierno y que sería, también, refrendado en su puesto.

Cándido y José Manuel Otero Novas eran amigos del Presidente y, nadie mejor que ellos para logar la entrevista.

Me levanté, a los postres, antes de los discursos y les dije:

-A ver si lográis que yo hable con Adolfo. Tengo una caricatura para él.

-Eso está hecho -dijo Cándido, que era el más locuaz.

Y se dirigió en busca del Presidente, mientras yo seguía conversando con Otero Novas que fue al único político al que, posteriormente, pedí un favor cuando volvíó a hacerse con la cartera del Ministerio y que resolvió mi problema

Y, en estas estábamos cuando llegó Adolfo Suárez acompañado de Cándido Sánchez Castiñeiras.

-¡ Hombre, Antonio Esteban…¡ -me dijo- Tenía ganas de conocerte…

Yo no sé si era así o no era así, pero supuse que Cándido le había hablado de mí como un buen colaborador ya que yo no tenía carné del Partido. Era un simple colaborador.

-Y yo a ti, Presidente, -respondí-

-Alguien me ha dicho que, además de un perfecto Jefe de campaña, eres un excelente caricaturista.

-Favor que me hacen, presidente -contesté- Hice las caricaturas de los candidatos, sí.

-Es cierto, dijo Cándido y no ha cobrado nada por ellas.

-¡ Hombre, Cándido…¡. Nada, lo que se dice nada, no. He pedido, a cambio, un libro y muchos, jajajajajaja, me habéis dado la Biblia.

Era cierto. Por caricatura, a cambio, pedía un libro y muchos me regalaron la Biblia en una edición de Biblioteca de Autores Cristianos que estaba muy de moda.

-Pues espero -dijo Suárez- que me hagas una caricatura a mí y me la mandes a Moncloa. Pones en el sobre: “Particular. Entregar en mano al Presidente” y Aurelio me hará entrega de ese sobre nada más llegar.

-¿Aurelio…? -pregunté por preguntar-

-Sí .Mi cuñado que es, a la vez, mi secretario particular. Y no te preocupes, que también te mandaré un libro, jajajajajaja. Noooo. No será la Biblia ni mis discursos completos que -guiñó un ojo a Cándido- no son míos.Ya sabes que me los escribe Fernandito Onega.

De todos era bien sabido que Fernando Ónega, gallego, de Pol, escribía o, al menos, corregía los discursos de Suárez.

-Ya tengo tu caricatura, presidente. Falta darle color..

-Pues, lo dicho, mándamela.

-A cambio, Presidente, me gustaría pedirte algo -dije- .

Siguió sonriendo Adolfo Suárez.

-Adelante… Supongo que será algo que pueda darte…

-Claro. Verás: me gustaría que en alguno de tuis viajes visitases mi pueblo. Yo estaría encantado.. Me gustaría saludarte allí, delante de mis convecinos.

-Eso está hecho .. y ¿cuál es tu pueblo…?

-Cacabelos, tierra del vino -dijo Cándido interrumpiendo—.

-Noooo. No es Cacabelos. Yo soy cacabelense consorte, jajajajajaja. Mi pueblo es Toral de los Vados, cerca de Cacabelos.

***

Pero Adolfo Suárez no cumplió su promesa. Nunca visitó Toral de los Vados. Tampoco supe si había recibido la caricatura porque nunca me lo hizo saber.

De todas formas creo que era un buen hombre. Mentirosillo como todos los políticos, pero buen hombre. Me prometió visitar Toral de los Vados y no lo hizo. Son cosas de la política.

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