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LA BODA DE BENIGNO PEREIRA

toni- cabalgamos

1966_09_10 Benigno Pereira & Ester Rodríguez

MEMORIA DE TORAL

LA BODA DE BENIGNO PEREIRA

001(4) En realidad, Benigno no era, en Toral, Benigno, sino Benino.

Benino  -vamos a llamarle Benino-  era  -y supongo que seguirá siendo-  una buenísima persona o, al menos yo, en ese concepto lo tengo, aunque la mala fama de una travesura sin  importancia lo había marcado para siempre. Muy joven había entrado, junto con Blas Losada, hijo de un carpintero, en el ALMACEN de la Farmacia de doña Pura que estaba situado al lado de la vieja Iglesia, frente a la casa de Oliva la de Silvano.

Benino y Blas  -Blas y Benino-  entraron, a través de una ventana, a ras de suelo, al ALMACEN y allí los sorprendió el farmacéutico Luís Oltrá. Jugaron al escondite con él. Aquí me escondo. Aquí te encuentro, hasta que lograron salir, gateando, por el mismo lugar por el que habían entrado.

El incidente dio lugar a una coplilla de Pepín Caldeiro que  era capaz de crear un pareado o una aleluya, de cualquier incidente que ocurriese en Toral. Pepín dijo: “Benino y Blas y el boticario por detrás”. Y la coplilla tuvo un  éxito inmediato.

1966_09_10 Benigno y Milagros  Pereira (madrina) Benino tomó aquella aventura con singular filosofía haciendo la vida normal que hacía hasta aquel momento y que era trabajar cuando alguien lo requería para cualquier trabajo.olimpia(la pañera) y fernando(barrabas)

Benino era hermano de Milagros, casada con Juanín, hermano de Pepín “Tacones”; de Eusebia, viuda, creo recordar, de un ferroviario; de Fernando  que había actuado en un pequeño papel en una obra de teatro que un grupo forastero presentó en Toral: LA PASION DE CRISTO. Al grupo le faltaba un personaje y contrataron a Fernando que estaba casado con Olimpia, la “Pañera” y también, Benigno, era hermano de Nieves,olimpia(la pañera) y fernando(barrabas) monja que, todos los veranos venía a Toral y comulgaba piadosamente en Misa de ocho.

A Benino, mi madre, tal vez porque Milagros trabajaba para nosotros en la confección de chaquetas de punto  -“rebecas” se les llamaba porque la prenda había hecho furor gracias a una película en la que la protagonista usaba una chaqueta de punto-   solía contratarlo para hacer pequeños mandados que Benino ejecutaba religiosamente: ir a la estación a retirar algún bulto o llevar algún encargo de ropa a Villanueva o Villamartín o Paradela de Arriba a donde íbamos con él y siempre nos deteníamos para beber agua en una fuente que había a la entrada del pueblo y de la que, en su tiempo, Benino  recogía berros..

Un buen día  -cuenta la Historia-  Benino decidió casarse. Se había enamorado de una moza que trabajaba para su hermana Eusebia que regentaba una pensión en el Ferradal y  que era hija de Magín, un trabajador que vivía en la pensión y decidió, con muy buen criterio, casarse.

Magín, cada semana, los viernes por la tarde, regresaba a su pueblo, que estaba al otro lado del Sil, muy cerca de Covas. Para acceder a él  -al pueblo, cuyo nombre no recuerdo, había que golpear, con una piedra, uno de los postes metálicos de la vía del tren. El ruido llegaba al otro lado del río y el barquero acudía a rescatar al vecino, atravesando en una frágil barquichuela aquel tramo de agua oscuro y peligroso. Después, por un camino empinado, entre matorrales, se llegaba al pueblo perdido en la montaña. Allí, en aquel pueblo, me obsequiaron abundantemente a mi el día de la matanza. Me presentaron  -como decían ellos-  a la Señorita de la Casa Grande , una solterona  que habitaba una casa con solana en lo más alto del monte y regresé a Toral con un inmenso ramo de naranjas cortadas, a sierra, de un árbol. (Tenía que regresar porque días después se celebraba u n Referendum y yo era vocal de mesa).

Benino, después de aquello,  -o quizás fuera antes-  un día, acudió, compungido a ver a mi madre., que siempre estaba dispuesta a ayudarlo.

-Tengo un problema, señora Nina  -dijo-  .

-¿Qué problema tienes, Benino…?.

-Quiero casarme, pero…  -hizo una larga pausa sin levantar los ojos del suelo-   no tengo padrino para mi boda.

-No te preocupes por eso  -zanjó la cuestión mi madre-  Toñito será tu padrino.

Y fui su padrino, sin comerlo ni beberlo.

 David Sarmiento No recuerdo en donde se celebró el banquete y, ni siquiera, si se celebró banquete. Tampoco recuerdo si compré yo los puros o los compró Magín, que era un hombre desprendido. Solamente recuerdo de aquella boda  -además de la foto de esta semana-   un baile  -con discos-  que celebramos en el BAR BRASIL  en donde David nos prestó un pequeño local, supongo que gracias a la consumición de bebidas que hicimos los invitados.

No volví a ver a Benino hasta hace ocho o diez años. Vivía en León con su hermana . Se había separado de su mujer. Tenía hijos y los chicos se habían ido con su madre. Desde aquel entonces  -era el día de san Cristóbal-  no supe más de mi amigo Benino.

Toni

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