Los Merayo de Costa Rica provienen de Toral de los Vados
Jesús Merayo nacido en Toral de los Vados a principio del siglo pasado, murió en Cuba , de malaria, con edad temprana. Fue el artífice de engendrar, con la inestimable participación de su esposa Teresa Vecino Lozano(de Molinaseca) a : Antonio y Augusto Merayo Vecino . Estos hermanos, en el espacio de tiempo que su padre se fue a Cuba, ellos iban a colonizar Costa Rica, con su sangre Toralense.
A continuación se expone un gran trabajo recopilatorio de la historia de estos dos hermanos, desarrollado y realizado en Costa Rica, por el historiador, autodidacta, el señor Luis Torres Monge:
Recordando el pasado
Historia de los Merayo
Por: Luis Torres Monge
Turrialba desde la alborada de su existencia, extendió sus brazos a quienes llegaron en pos de calor y abrigo, para cimentar con principios sólidos, las bases de un futuro seguro y una vida mejor, y en verdad que la encontraron. Es que nunca persona alguna que pisara este suelo sintió el rechazo de los turrialbeños; antes bien, en poco tiempo se convirtieron en sus hermanos. Así arribaron por estas latitudes, inmigrantes cuya sangre tuvo cabida en los vasos capilares de nuestra raza, para la procreación de nuevas generaciones, entre ellos : chinos, polacos, turcos, jamaiquinos, italianos, franceses, alemanes, españoles, etc. De ahí que la Madre Patria nos enviara dos hombres que llegaron para quedarse, viviendo un día y otro también, el recuerdo de la tierra que los vio nacer y crecer, y un día en momentos difíciles partir en busca de nuevos horizontes, dejando atrás familias, amigos y múltiples recuerdos de su tierra y de su dura infancia, conservando gratos recuerdos de sus seres queridos, me refiero a don Antonio y a don Augusto Merayo Vecino.
Don Augusto nació el 1º de Febrero de 1907 en la Villa de Molinaseca , Ponferrada en la provincia de León España. Sus padres fueron Jesús Merayo y Teresa Vecino Lozano.
Su madre enviudó de su primer marido cuando su hijo Agustín Álvarez estaba muy pequeño, luego contrajo matrimonio con don Jesús Merayo, de cuya unión nacieron Antonio y Augusto, que también a corta edad quedaron huérfanos de padre, por lo que para ayudar a su madre trabajaron con un tío que era carnicero y comerciante de ganado en en su región. Según contaba don Antonio, ellos tenían que trasladar hacia su pueblo las reses que el tío compraba. En una ocasión cuando regresaban a su pueblo, en invierno y con una fuerte nevada, en el camino se encontraron con un joven músico que traía un redoblante, de pronto fueron atacados por una manada de lobos, aterrorizados comenzaron a correr, con tan buena suerte que el joven músico tropezó y al caer el tambor que llevaba sonó fuerte, lo que asustó a los lobos y los hizo huir. El tío era muy estricto y los hacía trabajar muy duro, unido esto a la situación económica difícil que prevalecía en España los motivó a emigrar a América.
Don Augusto se dirigió a Canadá, donde permaneció poco tiempo, pues su salud se vio quebrantada por el asma, que se acrecentó por el frío, que unido al polvo y el humo que lanzaban las fábricas lo afectaban mucho, obligándolo a abandonar esa nación emigrando a Costa Rica, donde llegó en 1924. En nuestro país el primero que le extendió la mano fue Don José Raventós, empleándolo en su negocio de panadería. Más adelante se relacionó con otros compatriotas que lo orientaron mejor sobre el país. ¿Pero cómo llegó don Augusto a Turrialba? Resulta que en este pueblo se habían establecido varias familias españolas, entre ellas los Fernández Ferreiro, Royo Solano, Sanz Pérez, Pérez Fumero entre otras. Contaba don Augusto que en 1927, los Raventós lo invitaron a visitar este pueblo. Desde que llegó se enamoró del pueblo y comentó a sus coterráneos su deseo de establecerse aquí, por lo que don Federico Pérez Rubí, que en ese entonces era propietario de la cuadra donde hoy está la terminal de buses de distritos y los establecimientos de los Cortés, le ofreció terreno por si resolvía venirse; oportunidad que no despreció don Augusto y el siguiente año siguiente llegó y mont6ó un galerón a la orilla del Rio Colorado donde estableció su primer taller de panadería y pastelería, por cierto que el primer operario fue don Ramón Fonseca quien tenía conocimientos en la materia. Debo aclarar que en el pueblo sólo existía la panadería de don Rafael Quesada, al costado oeste de la Iglesia Católica. Por la calidad de sus productos el negocio de Merayo tuvo una acogida sorprendente en toda la región y eso le permitió en pocos meses el capital necesario para comprar la propiedad donde por más de 70 años con gran éxito desarrollo sus actividades. Por esa empresa pasamos gran cantidad de trabajadores y en ocasiones la planilla pasaba de 40 personas. Ahora bien ¿cómo era este insigne hombre? Sencillo, humilde, trabajador, noble y sobre todo con un corazón abierto a sus semejantes.
Pero hay algo que la gente desconoce y es que a principios de los años 50s fue presidente del Club de Leones, y también tesorero del Patrobato Escolar y, con todo respeto a su memoria les contaré un hecho que por sí sólo habla de sus bondades. Como empleado del negocio también le llevaba las cuentas corrientes y el todas las semanas enviaba una canasta con más de 500 bollos de pan a la escuela y cubría otras necesidades de esta, a fin de mes me pedía el monto de la deuda. Días después me indicaba que la factura del Patronato ya se la habían pagado, que borrara la cuenta, pero sólo Dios, don augusto y yo sabíamos que no era cierto lo del pago. Esa era una de sus tantas bondades con que disfrutaba haciéndole bien al prójimo, sin duda esos hechos le abrieron el camino al Paraíso Eterno cuando murió el 25 de Octubre de 1955.
Don Augusto una vez establecido mandó a traer a Concepción Díaz, con la que contrajo matrimonio, del que nació María Teresa (+); más adelante por cuestiones del destino procreó cuatro hijos más con doña Lidia Hernández Pérez; Augusto, Antonio, Gerardo y Fernando todos poseedores de una cultura intachable que resalta el honor del apellido Merayo. En la próxima don Antonio.
Recordando el pasado
Don Antonio Merayo Vecino
Por: Luis Torres Monge
Como lo mencioné en la edición pasada, Don Antonio Merayo nació en Molinaseca, Ponferrada, en la Provincia de León en España el 23 de Febrero de 1901. Su padre ante la situación crítica que se vivía en su país, emigró a Cuba, que en ese entonces era una colonia de España; lamentablemente las enfermedades tropicales como la malaria y otras terminaron con la vida de muchos emigrantes entre ellos don Jesús, que murió en Santiago de Cuba, que en ese entonces era la capital de ese país.
Los hermanos Merayo estando aún muy jóvenes también emigraron a América. Don Augusto el menor, como ya lo indique en la edición anterior, se dirigió a Canadá, mientras tanto su hermano Antonio se enrumbo a Suramérica, específicamente a Argentina. En ese tiempo la única forma de transporte entre Europa y América era por vía marítima, y según contaba don Antonio le tocó un viaje muy accidentado, pues el mal tiempo los azotó en el Océano Atlántico, por lo que el barco estuvo a punto de naufragar. Contaba que durante tres días la nave se mantuvo inclinada hacia un lado por el desacomodo de la carga, pero con gran esfuerzo los tripulantes lograron acomodar las mercaderías y estabilizar la nave. Debo aclarar que don Antonio viajó como sobrecargo, es decir trabajando en el barco donde se ganaba su transporte, alimentación y algún dinero adicional para enviar a su madre es España. De esa manera llegaron a Buenos Aires, donde encontraron a algunos parientes tanto de de don Antonio como de sus otros compañeros de viaje. Estuvo un tiempo estibador en la carga y descarga de barcos. En la tierra de Gardel estuvo algunos años, donde también se empleó en un hotel como ayudante de cocina y ahí obtuvo habilidades en el arte culinario también en panadería y repostería, sin percatarse de que ese sería el arte que le permitiría en el futuro forjarse una vida plena de felicidad al lado de su familia.
Cuando don Augusto consolidó su negocio lo mandó a llamar a Argentina, no sólo para incorporarlo a su negocio, sino para sentir el calor y apoyo de su hermano, eso fue a mediados de 1933. Cuando don Antonio llegó a este pueblo casi que ya lo conocía, pues tanto le había hablado su hermano de la hospitalidad de nuestra gente que le fue fácil adaptarse. Por lo que el mismo decía “Cuando llegué ya era turrialbeño”
Con la incorporación de don Antonio la labor de producción se dividió entre ambos, Augusto se dedicó a producir la repostería fina que se vendía más cara y Antonio producía pan de diferente tipo y lo que se llamaba “surtido” que eran galletas, acemitas, bizcotelas, etc, todo lo cual tenía mucha demanda en el cantón.
Una característica de los Merayo fue que nunca miraron a sus empleados como tales, sino como parte de la familia y hay algo que debo mencionar y es que estos notables españoles fueron los primeros –aún sin decretarse la ley en el país- daban un aguinaldo a sus empleados. El domingo antes de navidad ellos adicionaban un salario extra, de acuerdo a la situación de cada familia. Los que nos relacionamos con ellos durante muchos años, somos testigos de sus bondades con sus semejantes. Por otro lado, esta empresa en tiempos en que la situación económica del país era difícil nunca dejaron abandonados a sus servidores, siempre recibimos la paga por nuestro apoyo a la empresa. Que gesto tan noble.
Don Antonio poco tiempo después de haber llegado a estas tierras contrajo matrimonio con la señorita Pastora Rivas Sanabria, de cuya unión nacieron: María de Los Ángeles, Augusto, Arnoldo (*), Edith y José Alberto; una familia adornada con los más nobles atributos, con los que se hicieron acreedores del aprecio y cariño de todos los turrialbeños. Pero llegó el momento en que esta familia tuvo que enfrentar un golpe muy duro y fue cuando el 25 de Diciembre de 1974 don Antonio entregó su alma al creador. Pero sus deudos, con sabiduría y tesón enfrentaron la situación y la empresa continuo su normal desarrollo, atendiendo a los turrialbeños con el mismo aprecio y dedicación como lo habían hecho su padre y su tío, hasta que por diversos motivos llegó el momento de cerrar sus puertas, después de setenta años de servir a este cantón.
No obstante lo anterior, el prestigio del apellido Merayo sigue vigente, pues Gerardo hijo de don Augusto permanece en el pueblo con un negocio similar y que cada día se supera más, mientras sus hermanos Antonio, Augusto y Fernando se establecieron en la capital también con la industria de la harina, donde su producción goza de gran prestigio.
Para los que tuvimos la suerte de ser sus empleados y amigos, nunca es tarde par con una plegaria decirles: ¡Descansen en paz!
Fotos de una reunión familiar de los Merayo costa Rica, de izquierda a derecha Antonio Merayo Hernández (hijo de Augusto Merayo Vecino), José Alberto, María de Los Ángeles y Edith Merayo Rivas (hijos de Antonio Merayo Vecino), luego Augusto Merayo Hernández y Augusto Merayo Rivas. Faltan en la foto Arnoldo Merayo Rivas qdg y Gerardo y Fernando Merayo Hernández que no asistieron. Faltan en esta foto todos los hijos e hijas de los presentes y de los ausentes.
Luis Torres Monge
Categories: HisToral

















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Un saludo muy especial para usted don Luis de parte de mi madre Ligia Leandro Hernández que se acuerda de usted con mucho aprecio y su historia. Recuerda además cuando usted iba a la casa de abuela Lola en su juventud y que era un buen muchacho.
De mi parte me gustó mucho su texto y soy testigo de la calidad de ser humano que es Antonio Merayo Hernández (Toño). Gracias por tan interesante historia
Y de los Merayos q emigraron a Cuba joseramoncorrea1949@gmail.com