RECETA ANTIGUA
Hace unos años y no se como fue me hice con una receta de esas que todo lo curan, a juzgar por los ingredientes, en principio si que lo creo, pero de ahí a ser la panacea universal como dice, lo pongo en duda. La transcribo literalmente.
“ Para limpiar el organismo de grasas”
“En un tarro herméticamente cerrado de cristal se echan 350 gramos de ajos pelados y picados junto con ¼ litro de aguardiente. Se guarda diez días en la nevera y al décimo día se filtra con un colador fino de gasa, se guarda ese tarro dos días más. En este momento se puede empezar la toma ya con las siguientes dosis.
Primer día una gota al desayuno, dos a la comida, y tres a la cena. Segundo día, se continua con esa cadencia de cuatro gotas al desayuno, cinco a la comida y seis a la cena, así hasta llegar día sexto en que serían 16, 17, y 18 gotas respectivamente. Aquí es cuando cambia la cosa y se empieza a disminuir hasta llegar a una gota que corresponderá a la cena del décimo día En este momento ya se tomará todos los días igual cantidad, que pasaría a ser de 25 gotas en cada comida, así hasta acabarlo.”
Ahora es cuando explica las bondades de esta fórmula.
“Este preparado limpia el organismo, lo libera de cálculos depositarios, mejora el metabolismo, dando elasticidad a los vasos sanguíneos, disminuye el peso corporal, llevándolo a situación normal, hace disminuir los regüeldos, deshace coágulos de sangre, cura el diafragma, miocardio, isquemia, sinusitis, hipertensión, enfermedades bronco pulmonares, dolores de cabeza, trombosis de cerebro, artrosis, artritis, reumatismo, gastritis, úlceras de estómago, hemorroides, tumores internos, externos, disturbios de vista y oído, flatulencias pestilentes, ventosidades insoportables.”
Advierte también que no se repetirá esta fórmula hasta pasados cinco años.
Las virtudes del ajo desde luego se conocen desde tiempos inmemoriales, ya los egipcios se lo administraban a los operarios de las pirámides. De cualquier manera esta fórmula tiene verdadera lógica, y tomarse este preparado no sería contraproducente para nada. Es decir valdría la pena intentarlo.
José Vicente González Alonso
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