Carlos

“Napoleón estuvo en Astorga y Joseph Valcarce, el primiciero de la parroquia era de Penedelo”- TORAL DURANTE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA

Cañonazos, fogonazos, humo y olor a pólvora invaden Cacabelos

Si por la mañana las tropas presentes en la III Recreación Histórica de la Batalla de Cacabelos tuvieron un comportamiento de caballeros, por la tarde se enfrentaron con agresividad utilizando cañones, fusiles e incluso luchando cuerpo a cuerpo. Tal fue, por momentos, el fragor de la batalla que el humo provocado por los disparos impedía ver al enemigo.,,,,,,,,,,,,leer más en : http://castroventosa.blogspot.com.es/2014/01/canonazos-fogonazos-humo-y-olor-polvora.html

TORAL DURANTE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA

“Napoleón estuvo en Astorga y Joseph Valcarce, el primiciero de la parroquia era de Penedelo”

Entre 1808 y 1814 se desarrolla en la Península Ibérica el conflicto bélico conocido como Guerra de la Independencia. En mayor o menor grado, toda la geografía peninsular se va a ver afectada por este enfrentamiento armado contra los franceses; hambre, muerte y destrucción serán los principales efectos ocasionados.

A pesar de su situación descentralizada, el Bierzo, como zona de paso hacia Galicia, también va a sufrir los efectos de este conflicto bélico, tanto de forma directa por el encuentro entre el ejército anglo-español y el francés como por la continua presión ejercida sobre las poblaciones para el sustento de unas u otras tropas o por las levas realizadas para nutrir de soldados el ejército español. En este ámbito, se podría presuponer que Toral no resultaría ajeno a la contienda, si bien el grado de incidencia (o sufrimiento) podía ser muy variable.

Los más importantes episodios bélicos, las acciones más violentas o la información de los principales núcleos urbanos han ocupado, como resulta previsible y lógico, la mayoría de los trabajos que han tratado de esta guerra en la comarca; pero sin que eso signifique que cada pueblo no tenga su propia historia que contar, y es así como me gustaría que se entendiera esta aportación. Naturalmente, el marco histórico en que se produce, incluso el más inmediato, resulta imposible de reflejar en este blog (so pena de que, con buen criterio, se me censure); por lo tanto, para los que queráis conocerlo, os remito a las numerosas publicaciones, alguna muy reciente, que lo describen.

De forma muy resumida, y en orden cronológico, podemos señalar que durante el primer año de guerra (1808) no hay presencia de tropas francesas en la comarca. Sin embargo, el Bierzo será refugio de la itinerante Junta de León (su denominación variará a lo largo del tiempo), creada, al igual que otras Juntas, para suplir el vacío de poder ocasionado, y que será evacuada por vez primera en julio desde la capital a Ponferrada. Pero también, y con un impacto más importante, se convierte en base del ejército organizado por la Junta de Galicia. De los 40.000 soldados que lo forman, 10.000 se acantonan en la comarca (el mando en Villafranca), con el fin de controlar los puertos de Manzanal y Foncebadón. Los 30.000 restantes se dirigen hacia Castilla bajo las órdenes del Marqués de la Romana, si bien tras la derrota de Medina de Rioseco en julio, vendrán a refugiarse en el Bierzo. La población, como resultado, tendrá que hacer frecuentes contribuciones para su mantenimiento.

La presión francesa, especialmente tras la llegada de Napoleón a la Península en noviembre de ese mismo año (está en Astorga el 1 de enero de 1809, si bien desde allí debe regresar a Francia), provocará los principales actos de guerra en la comarca berciana. Tanto el ejército inglés bajo el mando del general Moore, como el español dirigido por el Marqués de la Romana, se tienen que ir replegando en dirección a Galicia, el primero por el Manzanal y el segundo por Foncebadón, en unas duras condiciones de frío y nieve.

El día 2 de enero, las tropas francesas de Colbert llegan a Bembibre por el Manzanal sorprendiendo a la retaguardia inglesa. Los rezagados, borrachos tras asaltar las bodegas, resultan muertos o prisioneros. Tras otras escaramuzas, el principal enfrentamiento se producirá en Cacabelos el día 3, donde muere el general Colbert; aquí la retaguardia británica se había apostado al otro lado del Cúa con el fin de retardar el avance francés, replegándose de forma evasiva durante la noche del mismo día, y uniéndose a la retirada del grueso del ejército británico por Piedrafita (la conocida como Marcha de la muerte) que finalizará en A Coruña, donde morirá el general Moore. Los soldados españoles toman el camino de Valdeorras con el fin de reagruparse en Portugal; les siguen unos 4.000 ingleses (dirigidos por Crawfurd y Von Alten) que irán a embarcar a Vigo.

El día 4 los franceses, persiguiendo de cerca al ejército de Moore, entran en Villafranca. El panorama es bastante desolador por la actuación de los británicos, resultado de la actuación de unas tropas indisciplinadas que habían asaltado las bodegas de la villa y de las órdenes de Moore de quemar todos los víveres ante la proximidad del enemigo. En el castillo se establecerá un destacamento, al igual que en Ponferrada y, en menor número, en otras poblaciones del Bierzo. La presencia francesa provoca que la población local huya a las montañas buscando refugio.

Entre enero y junio los franceses ocupan el Bierzo, si bien no de forma continuada, ya que guerrilleros y soldados españoles toman Ponferrada en febrero y Villafranca en marzo, siendo de nuevo recuperados a finales de abril por tropas francesas enviadas desde Astorga con el fin de reestablecer las comunicaciones con el grueso del ejército destacado en Galicia. En los meses siguientes, los enfrentamientos serán numerosos en la comarca debido a la presencia tanto de patriotas como de enemigos. A principios de mayo: “… los mismos (franceses) que pasaron para Lugo y retrocedieron están quietos y esparcidos por todo el Bierzo acabando de asolar el país y las montañas inmediatas a donde suben en grandes partidas a robar ganados y toda clase de víveres…”.

La retirada francesa de Galicia se produce a finales de junio. El día 25 el ejército, al mando del mariscal Ney, atraviesa el puerto de Piedrafita camino de Astorga, produciéndose los peores sucesos en el Bierzo entre los días 26 y 29: se incendian más de 30 poblaciones de la comarca, se calculan más de 100 muertos civiles, así como cosechas y campos arruinados, y sin apenas ganados para labrar.

En este marco general, Toral, al igual que los pueblos de su entorno, también va a sufrir los efectos de la presencia francesa, especialmente entre los meses de enero y junio de 1809. A este respecto, resulta elocuente el Libro de Fábrica de la iglesia de San Cristóbal de Toral de los Vados y lo que en agosto de dicho año deja escrito el entonces párroco D. Antonio Joseph Pérez, quien había ocupado el cargo en 1806 y se mantendría hasta su muerte en 1814.

En el Libro de Fábrica están recogidas las cuentas de la parroquia, para lo que se convocaba al primiciero o mayordomo encargado de administrar las rentas (básicamente en frutos, pero también en dinero) de la iglesia y que servían para su mantenimiento. Ese año (de San Juan a San Juan) había sido el vecino de Penedelo Joseph Valcarce. En la relación de ingresos, la primera aportación correspondía a las 29 fanegas de centeno que como primicias (renta destinada a los gastos de mantenimiento del templo y a los ocasionados por el culto) se aportaban anualmente, sumando las 26 de los feligreses (el concejo de Toral) y las 3 del Marques de Villafranca, Sr. Toledo. De estas, cuenta el párroco que “después de recogidas todas, en la panera acostumbrada, las consumió todas el enemigo común, en raciones; parte de ellas las dio de cebada a los caballos que traían; y otras las derramaron…”, para más adelante explicar quién es ese enemigo y cuándo había sucedido: “desde el día primero de Enero que entró el enemigo en el Vierzo, hasta el 28 de Junio de dicho año que se largaron de retirada de Galicia y Vierzo, para Castilla, no faltaron un mes de Toral; pero de recién llegados, estuvieron cerca de mes y medio de habitación más de doscientos franceses, los que acabaron casi con el pueblo” (la población de Toral en aquellos años debía rondar los 300 habitantes).

En este primer episodio de ocupación, la presencia francesa no se limitará exclusivamente al consumo del centeno, sino que la iglesia sufre otras pérdidas: “Estos llevaron las antorchas de cera blanca que tenía la iglesia para su debido culto, como parte de las velas para celebrar el Santo sacrificio de la misa, y agotaron toda la aceite que había de repuesto para la lámpara, y partieron sus vasijas robando también el copón que estaba en la custodia para los usos diabólicos que acostumbra semejante casta de grajos”. Como se aprecia, y veremos de nuevo más adelante, el párroco deja muy claro cual es su opinión de los franceses.

En definitiva, la cita de Napoleón “la guerra se alimenta de la guerra” se cumplía de forma literal. Sus tropas no tenían más alternativa que buscar provisiones en los pueblos por donde pasaban, apropiándose de sus rebaños y silos de grano. Los habitantes de estos lugares sólo contaban con el recurso de la huida a los montes.

La situación de inestabilidad también se produce en otras poblaciones del entorno. En el mismo mes de enero, el párroco de Paradela cuenta en una partida de bautismo de una hija de un matrimonio que venía huyendo desde Cacabelos, que el ejército francés “desde el día 2 de este mes avanzaba aceleradamente a batirse con los ingleses y tomar a Galicia, lo que no permita Dios por la intercesión del belicoso Apóstol Santiago, patrón nuestro, doy por expreso que el motivo de haberse hecho el bautismo solemne en el oratorio fue el evitar nos sorprendiesen en la iglesia y cortarnos la retirada a los montes”.

Desde ahora hasta junio la situación, como ya indicamos, se vuelve inestable, con constantes enfrentamientos entre ambos bandos, destacando la presencia de guerrilleros en el español. En alguna de las reseñas que nos han llegado, se alude a poblaciones cercanas, como en el informe del presidente de la Junta de Valdeorras, Juan Andrés Losada, que intenta llegar al cuartel del ejército español de Páramo del Sil por caminos secundarios: “… el día 3 (de mayo) salí para Villa de Palos no pudiendo verificar la entrada por estar ocupada por una partida de franceses de 60 hombres que estaban saqueando cinco caseríos, y degollando los cinco conductores que conducían el equipaje de unos caballeros de Cacabelos: a las tres de la tarde se rompió el fuego de los paisanos quitándoles los carros que llevaban los franceses con pérdida de 12 enemigos, ocasionando esta unos cazadores los que reforzados por el paisanaje de Baldeorras y Vierzo con algunos otros distritos rechazaron al enemigo hasta Villafranca…”.

A estos momentos también debería corresponder la noticia transmitida oralmente de una generación a otra en el pueblo de Valiña, y que refiere la existencia de un “soldado francés enterrado” en una cuadra del centro del pueblo. Hecho que sería interesante poder verificar.

A finales de junio, como indicamos, la situación se recrudece. Las tropas francesas de Ney en retirada se instalan en las proximidades: el cuartel general en el Campo de San Bartolo (Cacabelos), y el resto de tropas en Villafranca, Monasterio de Carracedo y otros lugares. Desde aquí, las patrullas de soldados se desplazarán por todo el entorno para conseguir suministros. El Monasterio es saqueado, se quema el archivo y se asesina a tres monjes y cinco vecinos del pueblo (el párroco de Carracedo anota que a Sebastián Santos, vecino de Cacabelos, “lo mataron los franceses más allá del Pontón que va a Carracedelo”) y en la capilla de San Martín se enterró a un “mozo” de Sorribas que fue arrojado del puente de Cacabelos “abajo”.

En Villamartín también se recogen nueve entierros de muertos por la guerra en los días 27 a 30 de junio: Benito Perón “vecino de Carracedo, muerte violenta que le dieron los franceses…; y aunque le mataron en términos de Carracedo, me pidió Domingo Nieto Regidor de aquel pueblo lo enterrase en este, a lo que condescendí, por no tener comodidad por dichos franceses de hacerlo en aquella Parroquia”, Fernando González vecino de Cacabelos, Bernardo García, Manuela Garnelo (a quien supongo principal protagonista del Romance de María Manuela), Blas, Antonio Núñez, Agustín García, Pedro Rodríguez y un “mozo” sin identificar, que “dijeron era de Villafranca” y que, como los tres anteriores, fue inhumado fuera de la iglesia “por los muchos que estaban enterrados dentro”.

Toral tampoco pudo librarse de las cruentas acciones del ejército francés en retirada. La primera referencia al alcance de las mismas la encontramos en la carta, fechada en junio de 1809 y publicada en El Templario en 1926, que la monja villafranquina Mª Bernarda de San José le escribió a otra hermana, mientras huía de los franceses por las montañas: “…llegamos a un risco en donde dormimos cinco noches a la inclemencia… También me sacará de la duda si Toral fue quemado según nos dijeron. … Días pasados vino a estar con nosotras el Vicario de Toral. Nos han dicho que la botica de Cantaseira la habían destruido los franceses….”.

Es de nuevo muy explícito el relato que el párroco de Toral deja en el Libro de Fábrica de la iglesia: “El día 26 de Junio de dicho año antevíspera de su retirada a la Castilla, robaron los cálices de la iglesia; una cruz grande de sacar en procesión de oro, y plata de algunos miles de reales; toda la ropa blanca, y cera que había en ser de la iglesia en gran cuantía; la mayor parte de las casullas, y otras varias alhajas de Iglesia; de modo que en dicho día, la iglesia de Toral,…, de las mas ricas de el Vierzo, perdió casi todo cuanto tenia aunque estaba todo enterrado en una arca, después de haberse defendido tanto tiempo durante la habitación de estos gabachos en el Vierzo; y para mejor coronar la función, al día siguiente de hacer tal pérdida, quemaron el pueblo y la casa rectoral desde el primer palmo hasta el último, siendo de las mejores y mayores que tenía el Obispado;…quemando asimismo en dicha casa, todo cuanto menaje pertenecía a una casa tan grande… de consiguiente lo que constaba tener la iglesia de alhajas… pereció casi todo y por que uno gastaron; otro llevaron; y otros quemaron…”.

La situación creada impide cobrar a algunas familias las rentas que la iglesia tenía por foros, aplazándose para años venideros: “no se hizo ahora por ser muchos, y estar la gente derribada casi de el todo por el enemigo, y además estar ocupados casi todos en hacer cada uno su trozo de choza para cobijarse con sus familias, y pocos haberes que les han quedado”. En cualquier caso, los efectos de esta acción se seguirán reflejando, como veremos, en las cuentas de los años siguientes.

También, por citar un ejemplo próximo, sabemos que de la iglesia de San Pedro de Villadecanes los franceses se llevaron dos cálices, el viril y un copón.

Con posterioridad, aún volverán alguna vez las tropas enemigas al Bierzo, si bien de forma menos intensa que la vivida durante enero y junio de 1809. Por su situación, se convierte en una frontera estable durante la guerra, con lo que significa para la población en relación al movimiento de tropas, alojamientos, suministros, etc.

En abril de 1810 los franceses reconquistan Astorga y, siguiendo a las tropas españolas, llegan hasta algunos pueblos del Bierzo alto que son de nuevo saqueados, como San Román y Bembibre. Durante el verano de este año, los pueblos bercianos tuvieron que afrontar el aprovisionamiento de los 20.000 hombres del ejército español.

En 1811 se vuelve a invadir el Bierzo con el fin de acabar con las tropas del 6º ejército español, que se repliegan hacia el Valle del Valcarce, Toreno y Puente de Domingo Flórez (a donde se desplaza desde Villafranca el cuartel general). Esta segunda invasión que llega hasta Villafranca dura tan solo tres días (27-29 agosto), pero resulta de gran intensidad militar y presión a la población civil: robos, saqueos, destrucción de cosechas, viviendas y edificios religiosos. Unos 13.000 soldados franceses se instalan de nuevo en el Campo de San Bartolo, efectuando requisas en el entorno, si bien no tenemos ninguna referencia de Toral. La retirada se produce el 29, destruyendo de nuevo a su paso numerosos lugares, especialmente del Bierzo Alto, como Bembibre.

Después, a los habitantes del Bierzo les toca de nuevo soportar el acantonamiento de las tropas españolas, que se hace especialmente duro entre el último trimestre de 1811 y mediados 1812 por las malas cosechas, llevando a los Concejos a tener que vender terrenos comunales, como le sucede al de Villadecanes: “En la villa de Villafranca del Vierzo…ante mi el escribano… parecieron Antonio Guerreiro, alcalde pedáneo, etc. vecinos del lugar de Villadecanes (en nombre del concejo) y dijeron: que hallándose como se hallan dichos vecinos y concejo sumamente atrasados con motivo de los continuos pedidos y exacciones que se les hacen para el socorro y manutención de las tropas del sexto ejército nacional acantonado en este punto hace muchos meses se miran ya en el día imposibilitados de poder satisfacer los tributos Reales, otras gavelas concejales y el apronto de dos camas equipadas de lo necesario que les piden actualmente para el establecimiento de un nuevo Hospital militar en la villa de Ponferrada, y… acordaron unánimemente…, se enajenase para siempre ocho cuartales de terreno de sembradura… en Campolanga… por mil y seiscientos reales de vellón”.

En Toral, los efectos de la ocupación francesa de 1809 se siguen arrastrando en los años siguientes, como se aprecia en las cuentas de la parroquia. La inseguridad ante una nueva ocupación lleva a que las tres fanegas de centeno que aporta el Marqués de Villafranca se vendan de forma inmediata, ya que resulta más fácil esconder el dinero. Entre los gastos, se incluyen numerosos conceptos relativos a la reposición de los objetos litúrgicos robados o destruidos y a la reparación de distintos elementos de la iglesia. Algunas compras, como la del aceite, son asumidas directamente por el párroco, “por devoción”. Hasta 1913 el Concejo de Toral no puede pagar las 26 fanegas de centeno que como primicias le correspondían; en dicho año se le reducen de 26 a 20 tanto en los años que debía como para los siguientes, “por haber menos vecinos y haber dado quiebra otros”.

En resumen, el resultado de este episodio bélico tuvo un efecto devastador en el pueblo de Toral. A la pérdida de población, debemos sumar actos de latrocinio y destrucción que dejaron un pueblo que podemos imaginar al menos en parte destruido y sin recursos, por lo que aquellos años debieron representar un periodo de excepcional dureza para nuestros antepasados.

Deseo expresar mi agradecimiento a nuestro párroco, Paco Calzado, por su total colaboración y disponibilidad a la hora de consultar el archivo parroquial.

Carlos Fernández Rodríguez

León, Febrero de 2010

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