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Los Caneiros como arte de pesca

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Copia de caneiro4 [Resolucion de Escritorio]Los Caneiros como arte de pesca

Los que hemos nacido en el Bierzo, en el valle del Sil y sus afluentes, antes de la década de los cincuenta, sabemos de primera mano que la pesca en estos ríos formaba parte de la economía de la zona y, por qué no decirlo, contribuía a mejorar notablemente nuestra alimentación.

Cinco clases de peces nos ofrecía el río, pero quiero destacar, principalmente, una, tanto por su riqueza culinaria como la dificultad para pescarlo, las anguilas.

Existían varias artes de pesca, aunque voy a mencionar la más singular de todas, una que permitía pescar muchas hasta el punto de hartarse de ellas: los “caneiros”.

Se trataba de verdaderas obras de ingeniería casera construidas en medio del río, clavando estacas, trenzando ramas y reforzando el conjunto con piedras para soportar la presión del agua, de tal manera que ésta era canalizada, y por ende las anguilas, a través de una especie de embudo que terminaba en una boca de cinco cuartas (más o menos 1 metro) donde se armaba una red llamada “refol”. Esta red se tejía con hilo de lino llegando a tener unas 240 mallas y 28 cuartas de largo (entre 5 y 6 metros). El tamaño de las mallas era cada vez mayor a medida que se aproximaba (a partir de las 10 cuartas) la zona más ancha del “refol”, pasando los agujeros progresivamente de 8 mm a 10 cm. caneiro06

El “caneiro” solía ser construido entre dos familias. Una de las razones era la cantidad de trabajo que suponía, pues tres o cuatros personas debían dedicar todo el mes de septiembre para tenerlo a punto de cara a las primera lluvias de octubre, que era cuando, bajo determinadas condiciones, se producía el milagro, ya que si las lluvias hacían aumentar el caudal del río en torno a un 20 % y coincidía con noches sin luna, se podían llegar a pescar 20 arrobas (unos 200 kg) en una sola noche, y así las siguientes tres o cuatro noches, aunque cada vez menos.

Otro de los motivos era la necesidad de, como mínimo, dos personas con buena condición física, para armar y desarmar el “refol” dado que el río venía crecido, así como para vigilar ante posibles ladrones que, en lugar de construir estas obras de ingeniería, se dedicaban a quitarle las anguilas y el “refol” a los demás, dando al traste con una labor de meses, pues el proceso tenía su inicio en el cultivo del lino que serviría luego para tejer la red.

De todos modos, un buen “caneiro” no era aquél que al cabo de cuatro o cinco noches daba 500 kg., sino el que hasta el mes de diciembre daba, cada noche, dos o tres kg., lo que permitía venderlas fácilmente y a muy buen precio. Se decía entonces que daba una buena “pinguela”.

Las primeras anguilas que se pescaban a primera hora de la noche se solían comer asadas. Se consideraban una maravilla dado que ayudaban a combatir el frío y la fatiga de toda la noche. También guisadas, fritas o en empanada eran un verdadero manjar.

A cualquiera que fue a desarmar un “caneiro” cuando había heladas, se le pegaron las piedras a los pies, pero aún así, es una pena que se acabasen las anguilas del río Sil.

Cuidemos la naturaleza y la naturaleza cuidará de nosotros.

hermnio [Resolucion de Escritorio] [iPod Photo] Herminio Vidal

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