FRÍO
Sin duda Elba estaba nerviosa, había llegado el gran momento; años de estudios y hasta una operación de implante de microchips con todas las bases de datos de los cursos recibidos, para conseguir el sueño del que tan apasionadamente le hablaba su madre: el doctorado en P. R. C., programas de recuperación criogénica.
Todo empezó en el lejano 2.020, los enfermos terminales eran técnicamente congelados con hidrogeno, y, a la espera de encontrar un remedio para sus males, permanecían así hasta el día de su reanimación, en el que recibían el nuevo tratamiento; a cada paciente se le asignaba un T. R., técnico de reinserción, eso ya lo era Elba, tenía toda su vida solucionada, era el trabajo mejor pagado por su complejidad, además de medicina, tuvo que estudiar materias como filosofía, sicología, historia, educación física y hasta física nuclear… el paciente asignado tenía que recuperar el tiempo perdido y pasar a formar parte de los nuevos tiempos en los que vivía.
El taxi-deslizador entró en el muelle de visitantes del centro de descongelación, aunque la ciudad contaba con un nuevo sistema de aire acondicionado en las calles, notaba como le sudaban copiosamente las manos.
ELEMENTO RECUPERADO Nº 00451KZ5509, o lo que es lo mismo, su paciente, llevaba tres días reanimado, se le había extirpado el tumor canceroso en los pulmones con una ducha de neutrones básicos y ya le esperaba en la sala de contacto. Solo sabía de de él que, en el 2.025, dos antes de nacer ella, se llamaba John Landis y entró en su frío letargo con treinta años hasta ahora, el 2.048, después de que su madre le eligiera a él, teniendo incluso que sobornar a algunos miembros de la junta de asignación para que le fuera concedido, la cual era irrevocable de por vida. Por eso le pareció extraño que no la acompañara en su gran día.
Las puertas automáticas se iban abriendo a su paso, llevaba una bata azul claro con su identificación holográfica colgada en el bolsillo izquierdo, sobre el derecho, caía su precioso cabello pelirrojo, pero el reanimado no podría verlo, debido a su larga inactividad el nervio óptico se hallaba atrofiado, pero eso solo era cuestión de tiempo.
-Buenos días, soy Elba… su técnico de reinserción.
Postrado en su silla de ruedas, en medio de una gran sala muy iluminada, giró lentamente la cabeza hacia ella:
-¿Podría… repetirme su nombre?- Su voz salía entrecortada y pastosa, pero se le entendía bien.
-…Elba, y soy su…
-Ya, si, ya lo se… es su nombre, me resulta familiar… no sé, estoy confuso.
-No se preocupe, es normal en su estado, muy pronto tendrá sus funciones totalmente recuperadas. ¿Supongo que le habrán puesto al corriente de su situación?
-Bueno… si, se en el año que estamos, el tratamiento al que fui sometido… no sé, todo esto era una quimera cuando entré en el programa.
-No se inquiete, yo me ocuparé de todo, ahora debo entregarle el cofre con sus efectos personales, y solo se puede abrir con sus huellas dactilares.
Colocó la caja en su regazo, y con solo rozarla, John notó como se desbloqueaba la tapa.
-Solo hay un papel en su interior…¿Podría usted leérmelo?.
-¿Está seguro?
Él asintió con un inseguro movimiento de cabeza.
– En fin… es una buena manera de comenzar, conociendo su pasado.- Tomó el escrito y comenzó a leer:
«Supongo que todo ha salido bien, y que ya la habrás visto. Ahora quiero que sepas porque lo hice. Me sometí a un tratamiento de clonación y fecundación in-vitro con el ADN más parecido al mío y me quedé embarazada, al segundo mes me hice cirugía estética facial para que ella no sospechara y todo llegó hasta aquí. No podría soportar que vieras el paso de los años por mi cuerpo, la intensidad de mi amor por ti me empujó a ello, espero que lo entiendas, porque cuando leas esto, yo ya me habré quitado la vida, comienza tu otra nueva al lado de ella y ámala como yo te amé a ti, no te será difícil porque además de parecerse a mi… lleva mi nombre, eternamente tuya: Elba”.
Fernando Cerezales Fernández
Categorías:Cerezales, Colaboradores


















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Fer eres la cañaaaaaaaaaa precioso como siempre!
Un abrazo