
La envidia
El 7 julio 2008, se publicaba un extraordinario artículo firmando por Mª Natividad Álvarez Lario, una de las primeras colaboradoras que tuvo esta página, titulado No soporto verte brillar. Lo traigo de nuevo a escena, para realizar una encuesta sobre la envidia. Os pediría que fueseis lo más sinceros posible, ya que vuestra respuesta jamás se sabrá.
Como ya sabemos, la envidia la percibimos cuando algo que tienen los demás nos produce malestar.
AF2

No soporto verte brillar
Cuenta la leyenda que una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga. Esta huía rápido y con miedo de la feroz depredadora, y la serpiente no pensaba desistir.
Huyo un día, y ella no desistía, dos días y nada…En el tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y dijo a la serpiente:
– ¿Puedo hacerte una pregunta?
– No he tenido este precedente con nadie, pero como te voy a devorar, puedes preguntar…
– ¿Yo te hice algún mal?
– No
– Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo?
– Porque no soporto verte brillar…
Esta leyenda nos habla de un sentimiento humano al que se le ha dado el nombre de ENVIDIA. Sentimiento que todos más o menos conocemos, bien por haber envidiado, o bien por haber sido envidiados.
¿Pero qué es la envidia?
Desde antiguo se ha hablado sobre ella. En el mundo bíblico, nos aparece la envidia en la disputa entre Abel y Caín; y nos la encontramos parecida en el mito de la fundación de Roma, con Rómulo y Remo. También es tema central en los cuentos de hadas y en las fábulas de Esopo y Samaniego. Y por supuesto ha quedado reflejada en numerosos refranes populares:
- “la envidia sigue al mérito, como la sombra al cuerpo”
- “como al hierro la herrumbre, la envidia al hombre consume”
- “vale más ser envidiado que envidioso”
El filósofo griego Aristóteles la definía como “el dolor por la buena fortuna de los otros”
Actualmente la envidia se puede explicar como un sentimiento que nos impide gozar con las alegrías y éxitos ajenos y que frecuentemente va acompañada de la pena, rabia, tristeza, pesar, malestar, enfado, impotencia, desprecio, hostilidad y rencor.
La verdadera envidia la provoca la gente común y más cercana a nosotros, a la que está en una situación de cierta igualdad a la nuestra, y a la que sentimos cierta necesidad de hacer daño con conductas que pueden estar más o menos disfrazadas: acusaciones infundadas, críticas destructivas, comentarios descalificadores, desprecios, y otras.
Hablar de la envidia nos lleva directamente a hablar de la autoestima, del concepto que tenemos de nosotros mismos ¿por qué?, porque el origen profundo de la envidia suele ser la insatisfacción con uno mismo, el no gustarse ni aceptarse, no haberse perdonado ni haber hecho las paces consigo mismo.
La envidia es pues un síntoma de tener una autoestima inadecuada. La persona con una buena autoestima entre muchas otras cosas:
- Se considera y realmente se siente igual, como persona, a cualquier otra persona, aunque reconoce diferencias en talentos específicos, prestigio profesional o posición económica.
- Es sensible a las necesidades de los otros, respeta las normas de convivencia y reconoce que no tiene derecho a mejorara o divertirse a costa de los demás.
- Es capaz de disfrutar de diversas actividades como trabajar, jugar, descansar, escribir, caminar, estar con amigos,….
- Y no necesita competir, no se compara y no envidia.
Y una buena manera de conseguirlo es empezar por los más pequeños. Os dejo con la poesía de Dianne Loomans, “Si pudiera volver a educar a mi hijo…”
Si pudiera volver a educar a mi hijo…
construiría su autoestima primero
y la casa después.
Pintaría más con los dedos,
y señalaría menos.
Haría menos correcciones
y más conexiones.
Apartaría los ojos del reloj
y los usaría para mirar…
Me interesaría por saber menos
y aprender a interesarme más.
Haría más excursiones
y haría volar más cometas.
Dejaría de mostrarme seria
y jugaría más en serio.
Daría más abrazos
y menos tirones de orejas.
Vería el árbol en el fruto
más a menudo.
Sería menos firme
y afirmaría mucho más.
Enseñaría menos sobre el amor al poder
y más sobre el poder del amor.
Desde Asturias
Mª Natividad Álvarez Lario
Licenciada en Psicología y Pedagogía
Categories: Reportajes

















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Bueno Maria, haciendo referncia a esta fabula de la serpiente y la luciernaga, la cual recibí en power point hace cosa de un mes, y me causo una linda impresión, dejame que haga brevemente una referencia a la envidia en unas extrofas de Jose Larralde en su obra Herencia Pa un Hijo Gaucho, y dice asi:
NUNCA SE DEBE ENVIDIAR LO BUENO QUE OTRO POSEA, TRATE DE GANARLO Y VEA QUE SEA JUSTO Y MERECIDO, EL PLATO BIEN CONCEBIDO…. NI SE ERUTA NI PATEA
Solo terminar este comentario, en que si, estoy de acuerdo que la envidia surge de la autoestima, quien no la tiene es propenso a sufrir este feo sentimiento como es la envidia, entre otros males.