LA VERDADERA HISTORIA DE ERNESTO G
Escribe:J.L.Garcia
Ilustra: Antonio-Esteban
III
ERNESTO TIENE FIRMA
-¡¡ Ernesto tiene firma…¡¡. ¡¡ Ernesto tiene firma…¡¡. A Ernesto le han autorizado la firma…
Efectivamente. A Ernesto, -Ernestito o Tito para los amigos- ordenanza de Banco, le ha autorizado firma la superioridad. (Autorizar la firma en el burocrático sistema bancario es trascendental para cualquier empleado que quiera ascender en el escalafón. Es el inicio, según algunos, de una carrera meteórica que puede llevarlo a los más altos puestos , sobre todo para Ernesto que lleva diecisiete años de Banca colgados de los cojones, como explica él a quien quiera escucharle).
Y, como todo llega en esta vida, también para Ernesto llegó la firma.
Y cuando la noticia -en carta confidencial y reservada- recorre la oficina, Ernesto sonríe con suficiencia y como solamente puede sonreír un ordenanza -subalterno- y acepta las felicitaciones y las enhorabuenas, a pesar de que el Director no lo haya confirmado oficialmente. Ernesto, sin embargo, manda traer del Bar más cercano, una botella de vermú para festejarlo y se gasta cuarenta duros, sin lamentarlo.
Por la noche, en casa, ensaya una rúbrica de apoderado, abandonando la firma de subalterno que lo ha acompañado desde siempre. (La firma de un apoderado en Banca tiene que ser ilegible y barroca, porque una firma barroca -según las instrucciones del Libro de Órdenes del Banco, indica, seguridad y confianza en sí mismo y Ernesto, a partir de ahora comienza a creer en el sistema bancario y en sí mismo).
*
Ernesto, hasta el día de hoy, en su correspondencia particular, firmaba con su nombre de pila y su primer apellido: Ernesto G. sostenidos -apellido y nombre por una sencilla raya horizontal. Es una firma sencilla para un hombre sencillo, pero, a partir de estos momentos, con firma registrada en el Anuario que publica el Banco, piensa en algo acorde a su categoría y ensaya una y otra vez. Tiene que ser algo que llame la atención, sin llamarla…. Algo complicado, sin complicaciones, que de la impresión de ser complicado sin serlo. Una rúbrica que quiera decir algo sin decirlo y, durante varias noches se ejercita hasta que, triunfalmente aparece una rúbrica -siempre sostenida por un trazo firme que lo subraya- que, al menos a él, le ha parecido genial porque alguien le ha explicado que los nombres propios no siguen las leyes gramaticales y decide escribir Ernesto con «h»: Hernesto y decide que su firma será ésta
HG
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Tres días después, Ernesto es un hombre derrotado porque, a sus muchos fracasos, tiene que añadir uno más: no tiene firma.(Mejor dicho: tiene firma pero no firma de apoderado. Tiene firma autorizada para retirar del Apartado de Correos la correspondencia certificada, algo que,a partir del próximo mes, será obligatorio para todos los que usen de este servicio y, entonces, piensa filosóficamente que, además del tiempo que malgastó buscando una rúbrica, perdió también cuarenta duros, malgastado en una botella de vermú)
Continuará
Capitulo IV: LAS COSAS DE ERNESTO
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