Sorpresas te da la vida. La única relación que teníamos algunos con La Rúa era la de ir a comer el marisco, de vez en cuando, al “Peyma”… pero había algo más, bastante más.
Cuando preparo el articulo de Toral en Tren 2008 en el que nos hermanábamos con el pueblo Orensano de La Rúa (A Rúa) , pensé: ¡pero si ya estábamos hermanados! Investigando un poco fueron apareciendo nombres de personas ligadas con el mismo denominador común, La Rúa – Toral y éstos son:
César Prada Rodríguez, hermano de nuestro vecino José Prada (Muebles Prada) fue alcalde, por la década de los 60, de La Rúa durante unos 6 años, y vecino desde el año 1947 al 1973.
Hizo varias obras significativas en las que cabe destacar la Torre de La Rúa, que, para la época un edifico de 8 plantas era algo impensable. Además de ejercer de alcalde, profesionalmente fue comercial y financiero, fue el que financió el primer camión para el transporte de carbón a Silvano, padre de Pedro, José Fernández Nieto entre otros. Murió en Madrid en el año 1985.
Luis del Valle Gómez (Tonete), hermano de Nieves “la reina” , entre otros , se fue a trabajar en el año 1948 para la Rúa, de vigilante jurado . Se casó en este pueblo en el año 1954 con Fernanda y tuvieron 3 hijos allí. La familia del Valle, con algún pariente a mayores, llegaron a vivir en La Rúa un total 26 años. En este tiempo llegaron a tener arrendado durante 3 años la cantina de la estación. Murió en Madrid en el 1991, pero fue enterrado en la Rúa.
Teodoro Cardo González (Hijo del «Churrero»), vecino de Toral se casó con una ruanesa en el 1960 hermana de Fernanda, Consuelo Fernández. que se fueron a trabajar y vivir a Paris.
Después de más de un lustro, nos volvemos a hermanar con La Rúa, pero ahora fuimos muchos más, unos 550. Unos en los 7 departamentos de los 5 vagones enganchados a una inglesa de 49 años (locomotora 7700) y otros pocos con un sueco de corta edad (autobús Irizar-Scania).
Allí nos esperaban unos (algunos) despistados vecinos ruaneses. Le preguntaba una señora a otra,:
¿Qué pasa , quén son estos?
Non sei , vaixaron agora mesmo do tren .
¿De que maneira van vistidos?
Non sei moi ven, pero creo que van da edade media.
Después de esta anécdota, nos invitaron a bica y rosca de chicharrones para comer. Para beber agua y licor- café, pero… lo que más nos dieron fue una buenísima acogida. Todo esto amenizado por la música de gaitas de los grupos “Mencía”, “Maruxía” y “La terra del ouro”.
De vuelta por el camino de hierro y verde, verde de vegetación que estaba por todo el recorrido hasta llegar a Toral. Paseo por el pueblo, ronda de vinos y para el pabellón a cenar otras tantas personas como las que viajaron a la Rúa.
Después de la cena a “sufrir” con Felipe la gran “Cremá” en la que nos iba a descubrir ,después mucha incertidumbre, la maqueta de la locomotora realizada por él . De ella habrá un apartado especial en esta página.
El domingo agua bastante de mañana, arroz bastante al medio día en forma de paella y por la tarde se fue la Virgen …..de la Encina, después de bastantes días de su peregrinar centenario en Toral de los Vados.
Antonio Fernández Fernández
AF2
Lo mejor y lo peor según una pequeña encuesta de “Toral en Tren 2008”.
Lo mejor:
Buen ambiente.
Recibimiento en la Rúa fenomenal.
Buenos y muchos vestidos de época.
Muy buenos actores.
Servicio camareros bien.
Sobre la cena la opinión está muy repartida
Lo peor:
Espectáculo cena aburrido.
Sonido pabellón mal.
Coincidencia de la cocción de la maquina con la orquesta.
Algo de frio.
Llegada del tren muy temprana.

+ Fotos en:
http://www.elbierzodigital.com/documentos/toral_tren_08.htm
http://www.infobierzo.com/index.php?option=com_creation3d&Itemid=65
«http://downlhttp://sc1.sclive.net/13.0.1385.0517/Web/Parts/PhotoAlbum/script/slideshow.swf
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miradas3-RETRATOS DE UNA ÉPOCA por Garciaberciano
Son retratos de personajes e historias de
Villafranca siempre trasmitidas verbalmente que José Luis pone sobre
blanco y negro. Una galeria de escritos entrañables que forman parte de
la historia no novelada de un pueblo de novelas.
——–
viernes, junio 06, 2008
tren y nostálgicos de una estación que sigue en la memoria de muchos
habitantes de la Villa.
Un tren para el recuerdo-
Era un auténtico manojo de nervios. Ya de madrugada, oía pasar las
horas en el reloj de San Francisco sin que la excitación me abandonase
ni un instante. En la cama, daba vueltas y vueltas sin que el sueño me
acogiese en su manto. Fue una de las primeras veces en mi vida que vi
como las primeras luces del amanecer inundaban lentamente mi habitación
anunciando el nuevo día.
El motivo de tanto nerviosismo había
comenzado la tarde anterior cuando, recién llegado del colegio, mi
madre me espetó a bocajarro:
-Mañana iremos a Toral porque
tu hermano viene de excursión desde León con el colegio para visitar la
fábrica de Cosmos y vamos a ir a verlo en el tren de la mañana.
Aquella
noticia me dejó conmocionado y con un regusto “a gloria bendita”.
Varios eran los motivos: estar con mi hermano que no lo veía desde
Semana Santa; saltarme el “sacrificio” diario de ir a clase y, sobre
todo y ante todo, cumplir algo que anhelaba constantemente: hacer mi primer viaje en tren.
UN TREN PARA EL RECUERDO.

Siempre
me han fascinado los trenes. Desde muy pequeño, la carta a los Reyes
Magos incluía una reiterada petición: “un tren”. Cuando, después de
varios años lo logré, el tren de cuerda y hojalata (una máquina de
color amarillo, dos vagones de color azul y unos raíles en círculo) fue
el juguete inseparable e insuperable de mi infancia, fallecido creo que
prematuramente por el uso (¿o abuso?) de su mecanismo.
Bajar a la
Estación era toda una excursión. Calle del Agua adelante y tras la Rúa
Nueva, el convento de la Anunciada, la fábrica de Ledo y el Matadero se
llegaba al, en aquél momento, inexistente cruce maldito del futuro
Venecia ya que la “carretera nacional” todavía seguía pasando por la Plaza.
En un paseo entre huertos, frutales y acacias se llegaba a la “Estación de Ferrocarril de Villafranca del Bierzo”.
Rodeaba
el recinto de la Estación una verja de tablas de madera (pintadas de
color verde, si mal no recuerdo) con una abertura al edificio
principal: una hermosa casa de dos plantas rematada con un desván del
que sobresalía una artística tronera de madera perfilada en forma de
ondas. En el “hall”, la sala de espera –utilizada sólo con el mal
tiempo- y el centro de mando ferroviario, con la consabida ventanilla
para la expedición de billetes.
Saliendo hacia las vías, colgado en
la fachada, un magnífico y fascinante reloj que regía el tiempo
ferroviario de la Villa. Si la memoria no me falla, el edificio
principal estaba flanqueado, en la parte orientada a las vías, por dos
anexos mucho más pequeños: los urinarios a la izquierda (con puertas
opuestas para “señoras” y “caballeros”) y una
especie de almacén, a la derecha, donde se guardaban pertrechos
ferroviarios. Allí, en la zona del andén principal, era donde aparcaba
la múltiple paquetería recibida por tren que, posteriormente con su
carro tirado por caballería, repartiría por el pueblo el padre de
nuestro entrañable vecino Jose “Calando” y, más tarde, ya en carro
metálico de tres ruedas de goma, el también querido y cascarrabias
portero de “general” Manolo “Zabulón”.
Además de estas
edificaciones, al final de la vía se encontraba otra construcción,
abovedada y hueca en su interior que, dadas sus dimensiones, la
chiquillería siempre pensamos que estaba destinada a taller de
reparaciones.
Hasta su eliminación como ramal de viajeros,
siempre usé cuanto pude este trayecto. Pese a los escasos 9 kilómetros,
el recorrido era largo y fascinante: las huertas, árboles y praos de
Vilela, las viñas y la antigua cementera de Parandones (donde, en el
viaje de vuelta, la cuesta hacía resoplar a la máquina hasta casi
dejarla a velocidad de paso de tortuga…).. y así, distraído y
disfrutando de viaje y paisaje… en un santiamén hacía su aparición la
fábrica de Cosmos, próxima ya al destino de la siempre ajetreada
estación de Toral.
Al igual que la vida de la Villa estaba
marcada por el pitido de la fábrica de Ledo (a las nueve y a la una,
por la mañana… a las tres y a las siete, por la tarde), las diez de la
mañana y las cinco de la tarde eran, en mi interior, las “horas
ferroviarias”. La unión entre Toral y Villafranca se encadenaba a esas
horas trayendo y llevando mercancías y viajeros. En uno de esos viajes
hizo su aparición mi padrino que, procedente de Galicia, vino a
hacernos una visita a la familia. En su despedida, lo acompañé hasta la
Estación y allí, en el andén, a punto de marcharse me dio un regalo
inimaginable: un billete de 20 duros. Si queridos amigos,… 20 duros del
ala para un crío de 7 años era, en aquél entonces, una fortuna… una
fortuna inmensa. Por eso, cada vez que llegaban las 10 o las 5 de la
tarde mi imaginación se trasladaba a la Estación, esperando a algún
viajero conocido con propina en el bolsillo.
Categorías:CulToral


















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Veo que año tras año os superáis. Cada junio, Toral, se viste de gala para recibir al tren y cada año el traje deslumbra más.
¡¡¡FELICIDADES TORAL!!!
Un saludo.
13/06/2008 23:05Muy bonitas pero estamos esperando tambien las fotos que hizo Toño.Gracias