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Virus
periodístico informativo

“gritabas y gritabas, y me besabas, y gritabas”

Para cuando me quise
despertar, ya te habías ido.

Tardé unos 10 minutos en
levantarme, tenía agujetas y dolor de
espalda. Entonces preparé el desayuno unas 30 o 40 veces, hasta que se me
acabaron todos los juegos de tazas y
todos los cartones de leche.

A uno de los clicks de playmovil le
sangraba la cabeza, pero no le quise dar importancia, ya que a la mayoría de
ellos les faltaba algún pie o algún brazo.

Me puse a la tarea y en menos de media hora
ya había recogido los cachivaches de los
niños: tres o cuatro lapiceros, el puzzle, y las 3 botellas de whiskey
que se habían bebido. No los quise despertar pues supuse que tendrían resaca.

A mis hijos siempre les ha gustado beber
mucho alcohol, pero Benito que ya tiene 8
añitos, prefiere la cocaína y las
pastillas. Y su madre esta encantada con él, porque casi nunca tiene resaca.

De pronto sonó el timbre, abrí la puerta
y entraste exaltada y vestida con el traje del Real Madrid. Me dijiste que
estabas desmarcada.

Y yo no entendía nada, “gritabas
y gritabas, y me besabas, y gritabas”.

Para cuando te
calmaste, encendí la televisión justo en el momento en el que el presentador del
telediario….un tal Prats…se volaba la tapa de los sesos en directo.

Desperté a los niños inmediatamente para
contárselo, y cuando llegamos al salón la noticia del día era que el Papa
también se había suicidado, cambié para la primera, y luego a tele 5, y no
daban emisión por “defunción colectiva del personal”…ponía.

Apagué el aparato inmediatamente y lo
volví encender y puse tele 5 otra vez,
ya estaba todo en orden, todos vivos de nuevo. Había sido un virus
periodístico- informativo.

Me puse a preparar la comida mientras tú
soñabas con Ronaldinho en el sofá, y roncabas extasiada y orgullosa de mí.

Mientras cortaba los pimientos, un
francotirador disparó contra la olla de las patatas, me asomé a la ventana y le
pregunté qué era lo que quería. Como no me contestaba supuse que sería cosa
tuya y de tu desmarque, entonces te desperté de tu siesta, y me mordiste el
brazo como si te hubieras convertido en una doberman, intenté soltarme, pero
tiraste hasta llegar a la mano y arrancarme tres dedos.

Suerte que tenía en la mano el cuchillo de
matar los niños, y pude cortarte el cuello antes de morir desangrado.

El día de tu entierro, los policías
científicos de tele 5 me confesaron que
cambiaban de horario de emisión, y que tu estabas embarazada de un portugués
bastante feo, pero muy heterosexual.

En ese momento mi arrepentimiento por
matarte se redujo a cero…. cariño.

Felipe Gómez Corredera

desde Valladolid

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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