Reportajes

Nº8 Mayo 1990 : Garabatos – La estación de Toral de los Vados

Nº8 Mayo 1990

La estación de Toral de los Vados

El correo que venía de Madrid pasaba por Toral al mediodía. El exprés pasaba de madrugada, no eran horas para una muchacha, sólo alguna noche de verano lo pudo ver aprovechando la verbena de San Cristóbal y era un tren misterioso y dormido cargado de muertos. Lo mejor era el correo que todas las tardes venía de Coruña y Vigo. ¡También tenían suerte en Toral!, que les tocara el de Galicia a la hora de darse una vuelta las chicas. Bajaban a la estación y andaban arriba y abajo por el andén, desde la cantina hasta la otra punta…

«Mientras viene el trenillo» «Historias veniales de amor» de Antonio Pereira Plaza & Janés Colección Rotativa nº 206 1.978

El texto anterior pertenece a una colección de cuentos y pequeñas historias del escritor villafranqui­no Antonio Pereira. No es una casualidad que nuestra estación forme ya parte de la literatura. El significado de la estación de Toral de los Vados es muy importante para las gentes de aquí y de la zona.

Durante mucho tiempo fue el núcleo de la vida del pueblo. Toral vivía alrededor de su estación. Crecía con la mirada puesta en ella. Todo convergía hacia ese edificio y sus instalaciones. Nuestros padres y abuelos recuerdan el ir y venir de gentes y mercancías. A Toral venían quienes necesitaban tomar el tren de todos los pueblos aledaños. A Toral llegaban pasajeros con des­tino a los mismos pueblos. En Toral se descargaban mercancías para toda la comarca. Pero… la estación era algo más.

La estación era el punto de referencia; el horario de los trenes marcaba el ritmo de la vida de los habitan­tes de Toral. En ella se hacía el paseo de las tardes, el bar de la estación era quizá el más visitado junto con los de la plaza (el bar Llanes y el Iglesias). ¿Qué suce­día en Toral sin ser algo protagonista la estación?

¿Qué decir del trabajo en la esta­ción? Hubo momentos que sobrepasa­ban la veintena el número de emplea­dos: jefe, guardagujas, mozos y demás. Sufriendo algunas veces unas condi­ciones de trabajo bastante penosas.

También los sueldos lo eran. En 1.957 el jefe cobraba 62 ptas., un factor 46, un guardagujas 38, un engancha­dos 7 y 32 un mozo. Se entiende como sueldo diario.

Hoy es un edificio sin apenas vida. Algo a la hora del tren que para y se acabó. Apenas si hay em­pleados. Y es que paulatinamente por «razones de servicio» hemos tenido que acostumbramos a ver pa­sar la mayoría de los trenes. Ya no se hacen tertulias en la cantina, no hay tampoco cantina. El paseo por sus andenes hace años que se terminó. Desaparecieron las chanzas entre empleados y mirones. Nada ya. O casi nada ya.

GARABATOS pretendía incluir en este núme­ro un estudio de los movimientos de pasajeros y mer­cancías de la estación de Toral. Solicitamos informa­ción a quien podía tenerla, RENFE, y lo que nos suministró no tiene sentido alguno:

TORAL 830
SALIDAS COSMOS

VILLAFRANCA

304.348

79.354

MERCANCIAS PEÑAMALA 54.664
TOTAL (TM.) 439.196
LLEGADAS (TM.) 14.330
VIAJEROS N.` DE BILLETES VENDIDOS 13.000
PTAS. RECAUDADAS 2.925.000

 

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2 respuestas »

  1. Que recuerdos me tre Señor Pereira, yo que siempre he tenido una relación de Amor- Odio con el tren, me he tenido que poner nostalgica.Mire usted mi padre fue emigrante, y cada vez que se iba con aquellas maletas ""De Cartón Marrón "" quedando mis hermanos , mi madre y yo que era las mas pequeña con el corazón ""Partido "" en el andè. La primera vez no debia tener mas de cuatro años pero la imagen me quedara mientras viva.Luego pasarian los años, e iria a esperar a mi primer ""Amor """tampoco se me va a olvidar jamas.Enfin estoy deseando leer el libro aunque en mi despierte , emociones contradictorias,reciba un cordial Saludo.

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